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Full text of "Oidores de la Real audiencia de Santiago de Chile durante el siglo XVII"

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HARVARD COLLEGE LIBRARY 

SOUTH AMERICAN COLLECTION 




THE CIFT OF ARCHIBALD CARY COOLIDCE, '87 

AND CLARENCE LEONARD HAY, *o8 

IN REMEMBRANCE OF THE PAN-AMERICAN SCIENTIFIC CONGRBSS 

SANTIAGO DE CHILE DECEMBER MDCCCCVIII 



r 



1 



í 



OIDORES 



DE LA 





DE SMTIO SE 




DURANTE EL SIGLO XVII 



POR 



Abraham de Silva i Molina 
— $ — 

(Publicado en los Anales dk la Universidad, Tomo CXIII, Julio i Af^osto de 1903) 



^ SANTIAGO DE CHILE 

IMPRENTA, LITOGRAFÍA I ENCUADERNACION BARCELONA 



Moneda, entre Estado I San Antonio 
1903 



I 



J 



OIDORES DEL SIGLO XVII 



SILVA I MOLINA 



liegos, teniente-jeneral del reino, habían de integrar el tribunal 
con oficio de oidores (i). 

Alonso García Ramón se titulaba c presidente de la Real 
Audiencia de la ciudad de Santiago» desde el 7 de enero de 
1608, en que recibió de la Audiencia de Lima los pliegos en que 
se le conferia dicho cargo (2); pero el tribunal no pudo consti- 
tuirse tan pronto porque, hallándose García Ramón en la guerra 
de la frontera araucana, los oidores tuvieron que esperar su 
regreso para verificar el acto de la instalación. 

El cabildo de Santiago hizo preparativos estraordinarios para 
recibir de una manera suntuosa el real sello, cuya entrada debia 
significar la inauguración del tribunal. Al efecto, mandó hacer 
palio, ropones i pellizas para los capitulares del cabildo; ordenó 
el aderezo de las calles por donde había de pasar la comitiva; 
elijió a don Juan de Quiroga i don Pedro de la Barrera por capi- 
tanes de dos compañías de caballería; acordó organizar otra 
compañía de la misma arma con vecinos i capitanes reformados 
i dos de infantería, al mando de los capitanes Antonio Recio de 
Soto i Jines de Lillo. Por último, prohibió que ninguna per- 
sona, cualquiera que fuere su estado i condición, se vista de luto 
«dende el lunes por la tarde» so pena de veinte pesos de multa 
i pérdida del luto. 

Los capitulares llamados a figurar en tan solemne ceremonia 
eran los trece siguientes: 

Luís de las Cuevas, alcalde ordinario. 

Alonso de Córdoba, alcalde ordinario. 

Bernardino Morales de Albornoz. 

Antonio dé Azoca. 

Alonso del Campo Lantadilla. 

Jines de Toro Mazóte. 

Don Francisco de Zúñiga. 

Juan de Azoca. 

Doctor Hernando de Molina. 

Santiago de Uriona. 



(i) Actas del cabildo de Santiago, t. VII. 

(2) Gay, Historia de Chile, t. II de documentos. 



^ 



OIDORES DB LA REAL AUDIENCIA 



Don Diego de Godoi. 

Juan Navarro. 

Luis de la Torre Minuesa (i). 

El lunes 7 de setiembre de 1609 el real sello se hallaba depo- 
sitado en casa del licenciado Francisco Pastene, en las cercanías 
de la ciudad. A las tres de la tarde de ese dia llegaron a la 
dicha casa montados eri briosos caballos su señoría el presidente 
de la Real Audiencia, Alonso García Ramón, los oidores doctor 
Luis Merlo de la Fuente, licenciado Femando Talaverano Ga- 
llegos, licenciado Juan Cajal i doctor Gabriel de 2^1ada, acom- 
pañados de gran número de caballeros, jente principal i vecinos 
de la dudad que acudieron gozosos a tomar parte en la celebra- 
ción de tan fausto acontecimiento. El presidente tomó una cajita 
de hierro dorada que contenia el real sello i se la colgó al pecho 
pendiente de una banda de tafetán. 

Puesta en marcha. la comitiva se dirijió al convento de San 
Francisco, junto a cuya iglesia se habia preparado una gran sala 
^ con paños de seda i dosel, debajo de éste una tarima elevada 
sot>re dos gradas i cubierta por una alfombra turquesca, encima 
dé la tarima un bufete con su tapete de seda i dos cojines de ter- 
ciopelo carmesí uno sobre otro. 

Llegado el acompañamiento a la dicha sala, el presidente 
García Ramón i el doctor Merlo, oidor decano, subieron a la 
tarima i descubiertos «e hincados de rodillas puso el presidente 
el cofrecito de hierro dorado que encerraba el real sello encima 
de los cojines de terciopelo. Se cubrió el cofrecito i cojines con 
un paño de tafetán rosado cuajado de ñores de seda de todos 
colores, sentando encima una corona de plata dorada con piedras 
engastadas a la redonda. En seguida se retiraron el presidente 
i la concurrencia i quedaron en custodia el doctor Merlo, el 
escribano mayor de gobierno, una compañía de infantería, arca- 
buceros i alabarderos que montaron la guardia a la puerta de la 
pieza donde estaba el real sello. 

Al dia siguiente, martes 8 de setiembre de 1609, fiesta de la 



(i) Actas del cabildo de Santiago, t. VII, pájs. 120, 121, 131, 136, 137, 
138, 141. 



■\ 



8 



SILVA I MOLINA 



Natividad de María Santísima, a las cuatro de la tarde se junta- 
ron en las casas reales el presidente, tres de los oidores, el obispo 
de Santiago frai Juan Pérez de Espinosa, los correjidores subal- 
ternos de la comarca, los* alcaldes ordinarios i personas del 
cabildo, vistiendo ostentosas ropas talares i gorras de raso carmesí, 
relijiosos, caballeros i seguidos de un gran concurso de jente se 
dirijieron al convento de San Francisco. 

Aquí les esperaba el doctor Merlo. 

Una vez en la pieza donde se custodiaba el real sello, el pre- 
sidente í el oidor decano subieron las dos gradas de la tarima i 
doblaron la rodilla ante el bufete. Merlo abrió con una llave el 
cofrecito dorado i sacó el sello envuelto en un tafetán rosado, 
poniéndolo encima de los dos cojines. De aquí lo tomó el presi- 
dente i con la debida reverencia lo besó i puso sobre su cabeza 
i volvió a dejar sobre los cojines. La misma ceremonia hicieron 
sucesivamente el obispo,' los oidores i los alcaldes ordinarios, 
después de lo cual el doctor Merlo encerró el real sello en su 
cofre, le puso llave i en compañía del presidente se encaminaron 
a la capilla n\íiyor de San Francisco. 

En la puerta de la reja de la capilla les esperaba un palio de 
raso carmesí con cenefas de terciopelo, guarnecido de flocadu- 
ras de oro i plata, que cargaban los dos alcaldes ordinarios i 
once rejidores del cabildo, todos trece vestidos de ropas roza- 
gantes. Conducidos a la puerta de la iglesia hallaron allí un 
caballo aderezado con gualdrapa i guarniciones de terciopelo 
negro. Se colocó el cofrecito del real sello encima de la silla del 
caballo i se le cubrió con una banda de tafetán rosado, guarne- 
cida de plata i sobre ésta la otra banda con que habia estado 
cubierto en el bufete. 

Tomó lugar el presidente bajo del palio i a la derecha del real 
sello, el oidor decano a la izquierda, llevando ambos en sus ma- 
nos los estremos de la banda; los oidores Talaverano i Cajal 
asieron las riendas del caballo i así ordenada la procesión se 
puso en marcha en dirección a las casas reales, seguida de nume- 
roso jentío en que se veian caballeros, capitanes, eclesiásticos 
relijiosos i seglares i buena parte del vecindario. 

Al son de cajas, trompetas, pífanos i disparos de arcabucería 



OIDORES DE LA REAL AUDIENCIA 



I llegó la procesión a la plaza mayor de la ciudad, que se hallaba 

r vistosamente engalanada. 

La caballería se situó en las cuatro esquinas de la plaza; la 

I infantería, después de dar una vuelta en torno, se fué poniendo 

en dos filas dejando una calle ancha por donde pasó el palio con 

! el real sello hasta llegar a la puerta de las casas reales que daban 

a la plaza. El presidente i el oidor decano tomaron en sus ma- 
nos el cofrecito dorado, envuelto en su banda de tafetán, i 
subiendo las escaleras lo condujeron a la sala de la Real Au- 

I diencia. • 

\ Se hallaba esta sala colgada de terciopelo con un estrado ele- 

\ vado sobre gradas en la cabecera, cubierto por dosel carmesí, 

encima del estrado un bufete con su tapete de terciopelo carmesí 
con flocadura de oro i sobre el tapete dos almohadones de lo 
mismo. El oidor decano, con la llave que traia pendiente del 

I cuello, abrió el cofrecito dorado i sacó el real sello, colocándolo 

sobre los almohadones. Entonces el presidente i oidores repitie- 

I ron la misma ceremonia de homenaje que habian hecho en San 

i Francisco de besar i alzar el sello sobre sus cabezas. 

I Habia llegado el momento de declarar la instalación del alto 

^ tribunal. 

I Alonso García Ramón notificó a los oidores la merced que Su 

[ Majestad le habia hecho de nombrarle presidente de la Real 

Audiencia de Santiago de Chile i pidió que se obedeciese i cum- 
pliese la real provisión. El doctor Merlo tomó de manos del^ 
presidente el real despacho i lo entregó al secretario para que lo 
leyera en alta voz, palabra por palabra. Cumplida esta dilijen- 
cia pasó el presidente a prestar el juramento que el rei le exijiá 
por razón del dicho oficio i puesto de rodillas sobre un cojin de 
terciopelo, con la mano derecha sobre el real sello, juró en los 
términos que el doctor Merlo le presentó por escrito. Hecho el 
juramento se levantó i tomó asiento en el real estrado en medio 
del dosel, teniendo a su izquierda al obispo, que hasta entonces 
se habia mantenido de pié. 

En seguida juró el doctor Luis Merlo de la Fuente i pasó a 
tomar asiento a la derecha del presidente. 

Siguieron el licenciado Fernando Talaverano Gallegos, licen- 



1 



I o SILVA I MOLINA 



ciado Juan Cajal i doctor Gabriel de Zelada por su turno, juran- 
do i ocupando bajo del dosel el lugar que les correspondía. 

Terminó esta brillante ceremonia con una acción de gracias 
al Todopoderoso cpor cuan bien se habia fecho todo». 

Después el presidente, los oidores, el obispo i demás funcio- 
narios asistentes salieron de la sala del real acuerdo al corredor 
que estaba delante de ella i caia a la plaza, desde donde presen- 
ciaron unas mui lucidas escaramuzas de las compañías de infan- 
tería i caballería. 

I con esto se acabó la fiesta. 

I dio fe de todo lo sucedido Melchor Hernández de la Serna, 
escribano mayor de la gobernación, en acta de 9 de setiembre 
de 1609, que levantó de orden del oidor decano i se remitió a 
Su Majestad (i). 

Como el fiscal propietario, licenciado Hernando Machado, se 
hubiera demorado en su viaje, el tribunal nombró fiscal interino 
con goce de la mitad de la renta al licenciado Francisco Pastene, 
criollo de esta tierra i le despachó título en 10 de setiembre. 

Se proveyeron los demás oficios honoríficos en personajes de 
importancia. 

La vara de alguacil mayor de corte la obtuvo el coronel jene- 
ral del real ejército Migfuel Gómez de Silva, natural de Ciudad 
Rodrigo, que militaba en la guerra de Chile desde 15 70 i habia 
sido correjidor de Santiago en 1600. El cargo de canciller se 
confirió al capitán Alonso del Pozo i Silva, natural de Sevilla, en 
cuya posteridad debia permanecer aquel oficio durante varias 
jeneraciones. 

Merlo tomó residencia al gobernador Alonso de Rivera del 
tiempo que ejerció el gobierno de Chile, principiando los autos 
en Concepción, a 3 de marzo de 1610 i librando sentencia defi- 
nitiva en Santiago a 5 de mayo del mismo año, ante el escribano 
Hernando García Parra (2). 

En cumplimiento de órdenes superiores estableció en Santiago 



(i) Gav, Historia de Chile, documentos, t. II. 

(2) Biblioteca Nacional. Archivo Vicuña Mackenna, vol. 287. 






OIDORES DE LA ftSAL AUDISNCIA II 

un tribunal de la Santa Cruzada, reservándose las funciones de 
asesor de dicho tribunal. 

Sus tareas en la judicatura fueron luego interrumpidas por 
obligaciones de otro jénero i mayor responsabilidad. 

Por real cédula dada en San Lorenzo, a 2 de setiembre de 
1607, Alonso García Ramón habia sido facultado para elejirse 
un sucesor en el gobierno de Chile en caso de sentirse amena- 
zado de la muerte. Usando de esta facultad, García Ramón, en 
auto fechado en Concepción a 19 de julio de 16 10, hizo nombra- 
miento en el doctor Luis Merlo de la Fuente i falleció bajo esa 
disposición. 

Merlo se presentó al cabildo de Santiago el 16 de agosto, i, 
exhibiendo sus poderes, pidió el reconocimiento oficial. Así lo 
hizo el cabildo tomándole juramento, so cargo del cual «prome- 
tió de hacer el dicho oficio i cargo de tal gobernador i capitán 
jeneral deste reino bien i fielmente i al servicio de ambas Majes- 
tades i aquéllo que su saber i entender alcanzare, sin fraude ni 
colusión, i que guardará i mandará guardar las leyes i ordenan- 
zas reales i excensiones i privilejios desta ciudad: ansi lo prome- 
tió de cumplir». Firmaron el acta de recibimiento los siguientes 
capitulares: 

Alonso de Córdoba, correjidor de Santiago. 

Don Juan de Quiroga i Losada, alcalde ordinario. 

Antonio de Azoca. 

Alonso del Campo Lantadilla. 

Jines de Toro Mazóte. 
li Don Francisco Rodríguez de Ovalle. 

Melchor Hernández de la Serna. 
f, Antolin Sáez de Galiano. 

J. Jines de Lillo, 

ÍAnte el escribano Juan Rosa de Narváez. (i) 
El mismo dia escribió Merlo a Su Majestad dando cuenta de 
las circunstancias en que habia sido exaltado al poder i las 
intenciones que abrigaba respecto del estado de guerra que 



l 



(i) Acias del cabildo de Santiago, t. VII, páj. 184. 



r 



12 SILVA I MOLINA 



ailijia al país, pues c aunque la profesión de las letras parecerá 
no semejante i desproporcionada a las cosas de la guerra, dice 
en su carta, no lo es el celo i voluntad que de servir a V. M. he 
tenido i tengo» (i). 

Consecuente a sus propósitos, no bien se recibió del mando 
se aprestó para hacer frente a los estados de Arauco i Tucapel 
que, aprovechándose del desconcierto producido en los primeros 
momentos por la muerte de García Ramón, se hablan levantado 
en actitud amenazadora. 

Su primera medida fué poner en ejecución una real cédula 
fechada en Ventosilla a 26 de mayo de 1608, en que se de- 
claraban esclavos todos los araucanos que en el término de dos 
meses no aceptasen la paz. García Ramón habia tenido escrú- 
pulos sobre la aplicación de ordenanza tan dura i no la habia 
puesto en vigor; pero Merlo de la Fuente, escarmentado de la 
felonía de los indíjenas, la hizo promulgar i mandó notificarla al 
toqui Aillavilú. El valiente cacique contestó con desprecio. Lla- 
mados los españoles a la guerra, acudieron presurosos con ar- 
mas, criados i caballos. 

Merlo, que se habia trasladado a Concepción i dirijia per- 
sonalmente los aprestos militares, salió a campaña a la cabeza 
de su ejército. 

Sin intimidarse los araucanos ante las fuerzas invasoras, sos- 
tuvieron dos encuentros con grande énerjía. La batalla decisiva 
se libró en las ciénagas de Lumaco, donde los españoles, des- 
pués de combatir reciamente desde el amanecer hasta el medio- 
día, obtuvieron una costosa victoria. En esta campaña demostró 
Merlo cuna capacidad sobresaliente», mantuvo la reputación de 
las armas i contuvo a los indios, dejándoles «entre tímidos i ho- 
rrorizados» (2). 

«Dentro de nueve dias, dice en carta a S. M. de 29 de mayo 
de 16 II, tuve averiguada la culpa de cinco caciques principales 
movedores de aquella traición i levantamiento, i con la justicia 
que hice dellos, convenciéndolos i confesando ellos su delito, i 



(i) B. N. Archivo Vicuña Mackenna, vol. 294. 

(2) Córdoba i Figubroa, Historia de Chile, lib. IV, cap. IV. 



OIDORES DE LA REAL AUDIENCIA ^ 1 3 

con exhortaciones que hice a los demás caciques e indios prin- 
cipales, han quedado i están aquellos estados mejores de lo que 
han estado de muchos años a esta parte.» 

El gobierno de Merlo de la Fuente, contado desde el dia 
en que se recibió ante el cabildo de Santiago, solo duró cinco 
meses menos un dia. 

Antiguas desavenencias que habia tenido con el marques de 
Montesclaros, virrei del Perú, cuando Merlo desempeñaba oficio 
de oidor en Lima, influyeron en el ánimo del virrei para provee r 
el gobierno de Chile en el señor Juan Jaraquemada, su mayor- 
domo. 

Se hallaba Merlo en la frontera cuando tuvo noticia de la lle- 
gada de su sucesor i su recibimiento por el cabildo de Santiago 
el 15 de enero de i6n, Antes de mucho el oidor escribió una 
relación de los hechos de su gobierno, que destinó a Jaraque- 
mada con el título de Avisos i advertencias^ i la firmó estando en 
la nueva ciudad de Angol,' recien poblada, a 19 de febrero de 
dicho año (i). » 

Con el arribo de Jaraquemada principió el doctor Merlo a sen- 
tir el peso de la enemistad del virrei. En carta de 29 de enero 
de dicho año dice el presidente Jaraquemada a Su Majestad que 
estaba cumplido el plazo porque vino el doctor Merlo a la Au- 
diencia de Chile, ci con su condición, agrega, no hai en ella la 
conformidad que fuera justo i la que tienen los demás minis- 
tros» (2). 

Mas esplícitas debieron haber sido las comunicaciones del 
marques' de Montesclaros, a juzgar por una real cédula de repren- 
sión que despachó Su Majestad contra Merlo de la Fuente. El 
oidor fué reprendido por tener en Lima suegra, cufiados i deu- 
dos bajo su protección; por avenirse mal con sus compañeros; 
por^ser descortes con la jen te del reino, de poco estilo i áspera 
condición; por proceder inadvertidamente en la justicia; 1 que si 
esto hubiera presumido el rei cuando comisionó a Merlo para 
fundar la Audiencia de Chile, lo habría escusado «por el poco 
fruto que de su proceder se podia esperar». 



(i) Gay, Historia de Chile, t. II de documentos. 
(2) B. N. Archivo Vicuña Macfcenna, vol. 294. 



SILVA I MOLINA 



Aflijido el oidor por golpe tan tremendo, escribió a Su Ma- 
jestad con fecha i.** de marzo de 1612, justificándose de las fal- 
tas que se le imputaban i atribuyendo el oríjen de su mala ven- 
tura a las querellas que había tenido en Lima con el marques de 
Moñtesclaros; esponiendo los motivos por los cuales el marques 
le tomó sentimiento i suplicando humildemente se mande des- 
hacer el deshonor i desconsuelo que se le seguia de dicha real 
cédula de reprensión (i). 

Parece que en el mismo año de 16 12 regresó a Lima a servir 
su plaza de oidor. 

El 16 de enero de 161 3 el cabildo de Santiago le otorgó po- 
der jeneral para representar sus intereses ante la corte del virrei 
i solicitar se imparta orden al Presidente de Chile para poner 
término a la visita del padre Luis de Valdivia, de la Compañía de 
Jesús (2). Se le renovó el poder en 29 de agosto de 16 14. 

Hacia el año de 1622 se le menciona como oidor jubilado de 
la Audiencia pretorial de Lima (3): 

Mendiburu, eñ el Diccionario Biográfico citado, sigue la huella 
de su vida hasta 1636, fecha en que envió el último de sus recur- 
sos pecuniarios al colejio de San Bartolomé de Salamanca, en 
que hizo sus estudios. 

Fué casado con doñajerónima de Santa Cruz, natural de Lima, 
hija de don Alonso de Santa Cruz, natural de la villa de Alma- 
gro, España, i de doña Jerónima Célis de Padilla, natural de 
Lima. 

De este matrimonio nacieron vario3 hijos peruanos, tres de 
ellos mencionados por Mendiburu, i dos que se conocen por re- 
ferencias documentales. Estos cinco hijos son los siguientes: 

1. Doctor don Francisco José Merlo de la Fuente, natural de 
Lima, fiscal deja Audiencia de la isla de Santo Domingo. 

2. Doctor don Luis José Merlo de la Fuente, natural de Lima, 
oidor de la Audiencia de Charcas en 1643 i después presidente 
de ella; chantre de la catedral de Lima en 1679 i deán en 1684. 



(i) B. N. Archivo Vicuña McLchenna^ vol. 294. 

(2) Actas del cabildo de Santiago, t. VIH. 

(3) Actas del cabildo de Santiago y t. IX. 



OIDORES DE LA REAL AUDIENCIA 1 5 

' 3. Doctor don Alonso Merlo de la Fuente, deán de la cate- 
dral del" Cuzco en 1664. 

4. Licenciado don Juan Merlo de la Fuente, a quien el cabildo 
de Santiago confirió poder jeneral en 17 de agosto de 1622 para 
ejercitarlo en la corte de Su Majestad (i). 

5. Doña Josefa Merlo i Santa Cruz, natural de Lima, casada 
con el licenciado don Bemardino de Figueroa i de la Cerda, 
oidor de la Audiencia de Chile i de la pretorial de Lima (2) * 



2. Licenciado Fernando Talaverano Gallegos 

Era juez de bienes confiscados i consultor del Santo Oficio de 
la ciudad de Llerena, España, cuando Su Majestad en despacho 
firmado en Valladolid, a 4 de noviembre de 1602, le nombró 
lugar teniente de gobernador i capitán jeneral de Chile en lugar 
del licenciado Pedro de Vizcarra, con un sueldo anual de tres 
mil pesos de 450 maravedís cada uno, que habia de correr desde 
el dia en que se hiciese a la vela en uno de los puertos de San 
Lucar de Barrameda o Cádiz para ir a servir su empleo. 

Se embarcó en los galeones por abril de 1603 i llegó a Lima, 
vía Panamá, el 3 de octubre del mismo año. De Lima salió 
para Chile con un socorro de jente de guerra que envió el virrei 
don Luis de Velasco. Desembarcó en Concepción el 17 de 
diciembre i como el gobernador Alonso de Rivera se hallase 
ocupado entonces en la construcción de unos fuertes a orillas 
del Biobío, el licenciado tuvo que esperar su llegada para tomar 
posesión de su empleo. El 5 de enero de 1604 llegó el gober- 
nador a Concepción i ocho dias después tomó juramento al 



(i) Actas del cabildo de Santiago, t. IX. 

(2) Certificado de jenealojía i blasones espedido por el reí de armas 
don Bamon de Zazo i Ortega, en Madrid, a 21 de noviembre de 1781, a 
pedimento de don Francisco de la Puente i Sandoval, tercer nieto de don 
Bernardino i doña Josefa. 



16 



BILVA I MOLINA 



teniente jeneral, recibiéndole desde luego al ejercicio de su 
cargo (I). 

Talaverano se trasladó a Santiago, donde debia asentar su tri- 
bunal, i se presentó al cabildo de la ciudad con sus recaudos i pro- 
visiones, vistas las cuales formalidades el cabildo en sesión de 
2 de febrero le reconoció solemnemente i el licenciado Vizcarra 
le entregó la vara de la real justicia (2). 

Jüon fecha 8 de marzo escribió a Su Majestad noticiándole de 
su llegada a Chile, su instalación en el juzgado i la residencia 
que principiaba a tomar a Vizcarra (3). 

Al organizarse la Real Audiencia de Santiago el licenciado 
Talaverano fué llamado a ocupar la plaza de oidor sub-decano, 
en cuyo carácter se halló presente a la brillante ceremonia de la 
inauguración de aquel alto tribunal el 8 de setiembre de 1609. 
Sucedió al doctor Merlo de la Fuente en la categoría de oidor 
decano. 

En el curso de su judicatura tuvo la Audiencia graves disen- 
ciones con el obispo de la diócesis, frai Juan Pérez de Espinosa, 
quien no habia mirado con buenos ojos la llegada de una corte 
de justicia que de manera ostensible venia a disputarle la pose- 
sión de un enorme poder moral, ejercido hasta entonces sin 
contrapeso. El Rei dio la razón al obispo, con lo cual se agrió 
mas aun la disputa pues, engreído el prelado, se permitió enviar 
a los oidores un libro de reglas de buena educación. La Audien- 
cia le mandó arrestar; pero el señor Espinosa no se intimidó por 
esto i, poniendo en entredicho a toda la ciudad, se retiró al 
campo. Fué necesario que uno de los oidores se allanase a ir a 
pié donde lo pasaba el obispo para solicitar el perdón (4). 

I es fama que el airado prelado no consintió en regresar hasta 
conseguir de los demás oidores que le condujesen por las calles 



(i) Biblioteca Nacional. Archivo Vicuña McLchenna^ Copias de Indias, 
vol. 286, carta de Talaverano al Rei. 

(2) Acias del cabildo de Santiago , t. VI. 

(3) Biblioteca Nacional. Archivo Vicuña Macfcenna, Copias de Indias^ 
vol. 286. 

(4) Mendiburu, Diccionario Histérico Biográfico del Perü^ t VI, 
páj. 276. 



OIDORES DE LA REAL AUDIENCIA 1 7 

de la ciudad, hasta dejarle en su casa, llevando las riendas de 
la muía. 

El paraje adonde se retiró el señor Espinosa lo señala la 
tradición en el Salto, en cuyas cercanías se ve la Quebrada del 
Obispo, así llamada, probablemente, en recuerdo de aquel 
suceso. 

La fecha en que se pronunció el entredicho podria fijarse por 
las noticias que existen del modo como Santiago recibió por 
julio de 1610 la bula de beatificación de San Ignacio de Loyola. 
Los vecinos i el clero celebraron este acontecimiento con sun- 
tuosas fiestas relijiosas que despertaron grande entusiasmo, pues 
el obispo, por respeto a esta solemnidad, alzó una cesación 
a divinis que tenia impuesta como consecuencia de ciertas que- 
rellas habidas con la Real Audiencia (i). 

Talaverano ascendió a la silla de gobierno en las mismas con- 
diciones que el doctor Merlo, porque habiendo fallecido el 
gobernador Alonso de Rivera dejando nombrado por sucesor al 
licenciado Talaverano, según despacho librado en Concepción, 
a 9 de marzo de 1617, se encontró colocado el oidor en el mas 
alto puesto del pais. El cabildo de Santiago, previo el jura- 
mento acostumbrado, le recibió por gobernador i capitán jene- 
ral del reino en 16 de marzo, firmando el acta de recibimiento 
los capitulares que siguen: 

Juan Pérez de Urasandi, correjidor de Santiago. 

Juan de Azoca, alcalde ordinario. 

Santiago de Uriona, alcalde ordinario. 

Antonio de Azoca. / 

- Jerónimo Zapata de Mayorga. 

Jines de Toro Mazóte. 

Don Diego González Montero. 

Don Diego Jaraquemada. 

Femando de Castroverde Valiente. 

Ante el escribano Manuel de Toro Mazóte (2). 



(i) P. Francisco Enrich» Historia de la CompaíHa de Jesús en Chile, 
1. 1, páj. 199. 

fa) Actas del cátnldo de Santiago, t. VIII, páj. 181. 



r 



1 8 SILVA I MOLINA 



El gobierno de Talaverano significó un cambio notable en la 
dirección de la guerra contra los araucanos. Hacia tiempo que 
el padre Luis de Valdivia, de la Compañía de Jesús, habia obte- 
nido una licencia real para proceder a la pacificación de los 
indios por medios persuasivos, abandonando la guerra ofensiva, 
llevada hasta entonces con todo rigor. Este sistema habia fra- 
casado completamente. El gobernador Alonso de Rivera renovó 
la guerra con la misma fuerza o mayor que antes i el padre 
Valdivia quedó reducido a su carácter de misionero. Con el 
advenimiento de Talaverano cambiaron las cosas en consonan- 
cia con la grande amistad que siempre ligó al licenciado con los 
relijiosos jesuítas, a quienes, en una ocasión, hizo merced de mil 
cuadras de tierra para su Colejio de Concepción. 

No bien instalado en el gobierno partió para la frontera i 
llamó a conferenciar al padre Valdivia, que entonces misionaba 
en el fuerte de Nacimiento. 

Talaverano hizo reunir en Yumbel gran número de caciques i 
mocetones para hacerles saber que el Rei les ofrecía la paz, reti- 
rando la guerra ofensiva sin por esto dejar las armas, que con- 
tinuarían siempre listas para castigar cualquier atentado; les 
seftaló por frontera el Biobío i les ordenó que obedecieran al 
padre Valdivia en todo lo tocante a la pacificación del pais (i). 

Apenas tomadas estas jenerosas disposiciones terminó el 
Gobierno de Talaverano. El príncipe de Esquilache, virrei del 
Perú nombró en su reemplazo a don Lope de UUoa i Lemos i 
éste se hizo reconocer ante el cabildo el 1 8 de abril de 1618. 

Las actuaciones de Talaverano en su plaza de oidor continua- 
ban en 27 de febrero de 16 19, en circunstancias que, por muerte 
de los demás oidores, funcionaba solo en el tribunal (2). . 

Casado con doña Catalina de Ledesma (3), tuvo de este 



(i) Enrich, Historia de la Cotnpañia de Jesús en Chile, t. I. 

(2) Archivo de la Real Audiencia^ vol. 343. méritos del licenciado 
Francisco Pastene. 

(3) Hai noticias de esta seAora en el testamento que el capitán Juan 
Fernández de Castilla otorgó en Santiago, a 17 de febrero de 1611, ante 
Diego Rutal (protocolo de este afio, fs. 103 vuelta). Debo este dato al 
sefior don Joaquín Santa Cruz. 



OIDORES DE I*A REAL AUDIENCIA 



19 



matrimonio cuatro hijas, cuyos nombres no conozco i de quienes 
no hai mas noticias que las dadas por el padre Enrich. Dice 
este autor que deseando los vecinos de Santiago tener una capi- 
lla dedicada a la Vírjen de Loreto, hicieron colecta i con su 
producto erijieron un santuario en la iglesia de la Compañía en 
una de las capillas que se encontró tener las mismas dimensiones 
que la lauretana. Costearon un altar con la imájen de María seme- 
jante a la orijinal de la santa casa de Loreto i le dieron ricas 
joyas i adornos. Esmeróse en esto el oidor Talaverano, cuyas 
cuatro hijas bordaron prolijamente un manto i un frontal aprecia- 
dos en cuatro mil pesos (i). 

Era el gobernador Talaverano, dice el padre Rosales» 
<4pequefio de cuerpo, grande de ánimo, de sesenta años, cortes, 
afable i humano; tan liberal que pocos le llegaron a pedir mer- 
cedes que no se las hiciere i tan bien afortunado en su gobierno 
que no tifvo desgracia ninguna ni perdida, antes muchas ganan- 
cias? (2). 






3. Licenciado Juan Cajal 



Natural de la ciudad de Valladolid, España, hijo del doctor 
Juan Cajal, médico i cirujano del reí don Felipe II i de doña 
María de Tobar, 

Se hallaba en Santiago de Chile por marzo de 1608, como 
consta de las comisiones honoríficas que por entonces le confi- 
rió el cabildo de la ciudad (3). Asistió a la inauguración de la 
Real Audiencia el 8 de setiembre de 1609, despachando en su 
oficio hasta 16 19, en que falleció, después de haber otorgado 
testamento cerrado en 7 de octubre de 161 6 ante Domingo Gar- 
da Cor\£alan i codicilo en iS de enero de 1619 ante Bartolomé 



(ij Hüiorm de la Compañía de Jesús en Chile, t. I, páj. i^^q^ 
(a) Hist&ría de Chile por el padre Diego de Rosale^^ libro VI, capí- 
tulo XXIV. 

(3) Aciüs del cabildo de Banliagú^ t. VII, páj. So, . 



20 SILVA I MOLINA 



baldonado, escribano de cámara de la Audiencia, en cuyo pro- 
tocolo se insertó el testamento (i). 

Casado con doña Jerónima Cajal, tuvo de este matrimonio por 
sus hijos a: 

1. Don Francisco Cajal, relijioso de la Compañía de Jesús. 

2. Bl capitán don Juan Cajal, alférez real de la ciudad de 
Santiago, alguacil mayor del cabildo, casado con doña Magda- 
lena del Campo Lantadilla, hija de Alonso del Campo Lanta- 
dilla, alguacil mayor del cabildo, i de doña Mariana Navarro. 
Aportó doña Magdalena una dote de treinta mil patacones i 
tuvo en su matrimonio siete hijos. Testó don Juan Cajal en 24 
de noviembre de 1637, ^uite Manuel de Toro Mazóte. 

3. Doña María Cajal, casada con Sebastian de Tejada; con 
sucesión. 

4. Doña Cecilia Cajal, monja agustina. 

5. Doña Jerónima Cajal, casada con don Cristóbal Fernández 
Pizarro, correjidor i justicia mayor de Santiago en 1654; con 
sucesión. 

Ademas de estos cinco hijos lejítimos se conoce un hijo natu- 
ral del oidor, llamado don Pedro Cajal, menor de edad al falle- 
cimiento de su padre i que después figura en los protocolos de 
escribanos ocupado en sus labores. 



4. Doctor Gabriel de Zelada 

Se encontró presente al acto de la inauguración de la Real Au- 
diencia el 8 de setiembre de 1609, habiendo llegado a Santiago 
en compañía del doctor Merlo de la Fuente el 24 de abril del 
mismo año, como refiere en carta a Su Majestad, de 6 de enero 
de 1610, en la cual hace también una descripción de Chile, sus 
ciudades, fuertes i presidios (2). 

Despachó en su oficio hasta julio de 16 14, acaeciendo su fa- 
llecimiento antes del 13 de agosto, en que su viuda aparece soli- 



(i) Rejistrode Escribanos. Diego Rutal, protocolo de 1619. 
(2) Gay, Documentos de la Historia de Chile, 1. 11. 



OIDOBES DE LA REAL AUDIENCIA 21 

citando la tutela de sus hijos menores don Alonso i doña Luisa. 
Casado con doña Francisca Ricarda de Montalvan, tuvo de 
este matrimonio por sus hijos a: 

1 . Doña María de Zelada, casada primera vez con el jeneral 
Lorenzo Pacheco Osórez i segunda vez con el jeneral don Fer- 
nando de Carvajal i UUoa, caballero de la orden de Santiago, 
vecino de la ciudad de Lima, a quien aportó una dote de cua- 
renta mil pesos. Falleció don Fernando siendo correjidor de 
Santiago i teniente de capitán jeneral después de haber otor- 
gado su testamento en 28 de diciembre de 1624, ante Manuel 
de Toro Mazóte e instituido a su esposa por heredera universal 
de los bienes que poseia en Chile, Perú i España. 

2. Licenciado don Alonso de Zelada, lugar teniente de corre- 
jidor de Santiago en 1621, correjidor i capitán a guerra del par- 
tido de Colchagua en 1624. 

3. Doña Luisa de Zelada, casada con el licenciado Andrés de 
Toro Mazóte, alcalde de Santiago en dos ocasiones; viuda en 
1649, otorgó su testamento en 4 de setiembre de 1656, ante 
Manuel de Toro Mazóte, su cuñado. 

5. Licenciado Pedro Álvaréz de Solórzano 

Hijo de Francisco Álvarez de Solórzano, natural de Aguilar 
de Campóo, en las Montañas, en cuyas cercanías se alzaba la 
casa solariega de Solórzano, da cual ha tenido término redondo 
i tanta autoridad que todas las demás casas n,obles del dicho 
valle de Solórzano le estaban pensionadas i pagaban mui gran 
parte de los diezmos, por cuya razón era cosa facilísima al señor 
del valle i casa de Solórzano poner en campo dos mil infantes 
armados a giAsa de pelea siempre que los habia menester». 

Solórzano trae por armas un escudo acuartelado, ten el pri- 
mero i último dos lirios de oro en campo - azul i en los otros 
dos en campos verdes dos haces de plata de segar, punta con 
punta» (i). 



(i) Orijen i filiación de los fnarqueses de Sania María de Pacoyan, ma- 
nuscrito. 



22 



SILVA I MOLINA 



Prestó juramento como oidor de la Real Audiencia de Chile j 
en I.* de julio de 1613; en junio del año siguiente se hallaba eal 
Lima de viaje para España, según consta de una escritora pú-^ 
blica por la cual hizo donación a su nieto don Alonso de Sol6r*J 
zano i Velasco de dos esclavos i una alhaja de familia; pero 
este viaje no se realizó, porque en el mismo año de 16 14 ñgura , 
en Santiago despachando en su plaza de oidor; continuaba en j 
sus funciones en 16 19. 

Casado con doña Antpnia Ortiz de Velasco, hija de don Fran- 1 
cisco Ortiz de Velasco i de doña Isabel de Linares. De este ma- 
trimonio conozco los cinco hijos siguientes: 

1 . El capitán don Francisco de Solórzano. 

2. Doña María Ana de Velasco i Solórzano, natural de Ma- 
drid, casada con el contador don Alonso Fernández de Solór- 
zano, natural de Segovia. Testó doña María Ana en Lima, a 16 
de enero de 1649, ante Antonio de Tamayo, escribano real i de 
provincia. Fué hijo de este matrimonio el doctor don Alonso de 
Solórzano i Velasco, oidor de las Reales Audiencias de Santiago 
de Chile, de Buenos Aires i de los Charcas, a quien se recuerda 
en párrafo separado. 

3. Doña Florencia de Velasco i Solórzano, natura! de Lima, 
casada primera vez con don Pedro Lisperguer i Flores, correji* 
dor de Santiago, i segunda vez con don Antonio de Torres i 
Zegarra. 

4. Doña Úrsula; i 

5. Doña Luisa, ambas monjas profesas en el convento de 
agustinas de la Limpia Concepción de Santiago (i). 



6. Doctor don Cristóbal de la Cerda Sotomayor 



Mejicano de nacimiento, descendia de uno de los primeros con- 
quistadores de la Nueva España. Estudió en la célebre Univer- 
sidad de Salamanca, recibiendo en ella su grado de doctor en 



(i) Rejistro de Escribanos. Miranda Escobar, protocolo de 1630-1631, 
a fojas 351. 



OIDORES DE LA REAL AÜDIENCL\ 2} 

ambos derechos, civil i canónico. Desempeñó en Sevilla los em- 
pleos de alcalde de sala i ñscal suplente de la Audiencia. En 
1610 tuvo en Andalucía las funciones de comisario durante la 
espulsion de los moriscos. Pasó a la isla de Santo Domingo con 
plaza de oidor que ejerció hasta 1617, en que fué trasladado a la 
Audiencia de Chile. El buque en que salió de Santo Domingo 
cayó en manos de unos piratas ingleses que merodeaban por el 
mar de las Antillas. Los piratas desbalijaron al oidor de una 
suma de treinta mil ducados que traia^ sin perdonarle el vestua- 
rio, dejando al majistrado en camisa i si el doctor Cerda salvó 
la vida fué milagrosamente, pues el capitán de los piratas al 
saber que era oidor de Santo Domingo le quiso ahorcar, desis- 
tiendo de este propósito por los ruegos de doña Sebastiana de 
Avendaño, esposa del oidor, que estaba enferma, próxima a su 
alumbramiento. 

Después de catorce dias de cautiverio el doctor Cerda i los 
suyos fueron abandonados en Puertobello, donde habian de 
pasar indecibles padecimientos, viéndose obligado el oidor a 
pedir limosna para mantenerse i vestirse. A costa de grandes 
sacrificios i pasando amargas penurias llegó al Perú. Aquí fué 
socorrido jenerosamente por el arzobispo de Lima, si bien las 
tribulaciones del oidor no habian terminado todavía. Acometido 
de una grave enfermedad, contraida en su carrera de sufrimien- 
tos, estuvo un año entre la vida i la muerte i, dándose por dicho- 
so, salvó por milagro de Dios con pérdida de la nariz (i). 

Ingresó a la Audiencia de Santiago de Chile el 27 de marzo 
de 1 6 19, fecha de su juramento. 

Barros Arana, que sigue mui de cerca la vida del doctor Cerda, 
asienta que al llegar el oidor a Santiago encontró que la Audien- 
cia habia dejado de funcionar por muerte de todos los oidores. 
Hai actuaciones de Talaverano a ñnes de febrero de 16 19 en 
que este ministro despacha solo (2). Al año siguiente se hallaba 
el doctor Cerda en la misma situación, funcionando solo por 
falta de ministros en el tribunal. 



(i) Barros Arana, Historia Jeneral de ChiUy t. IV. 
(2) Real Atuliencia, vol. 343. 



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SILVA I MOLINA 



Eq estas circunstancias acaeció la muerte del presidente i 
gobernador de Chile, don Lope de Ulloa i Lemos, después de 
haber d^ignado al doctor Cerda para sucederle en el gobierno 
por despacho firmado en Concepción, a 24 de noviembre de 
1620. El 1 3 de diciembre se presentó el doctor Cerda ante el 
cabildo de Santiago con las patentes de sus poderes. Otorgado 
que hubo el juramento acostumbrado de guardar los fueros i 
preeminencias de la ciudad se le recibió por tal gobernador i 
capitán jeneral del reino, levantándose acta firmada de ios 
siguientes capitulares: 

Don Francisco de Erazo. alcalde ordinario. 

Don Diego de Godoi, alcalde ordinario. 

Antonio de Azoca. 

Jerónimo Hurtado de Mendoza. 

Alonso del Campo Lantadilla. 

Juan de Azoca. 

Andrés de Mendoza. 

Juan Ortiz de Urbina. 

Juan de Escobar. 

Don Gaspar de la Barrera Chacón. 

Ante el escribano Manuel de Toro Mazóte (i). 

El doctor Cerda desplegó en su gobierno una grande activi- 
dad. Comprendiendo las graves obligaciones que su alto cargo 
le impoma resolvió salir a campaña contra los indios sin mas 
demora. Cerró la Audiencia por el tiempo que había de andar 
fuera, encomendando la tramitación de las causas al licenciado 
Francisco Pastene con el título de juez de provincia, i al frente 
de una columna de 130 hombres partió para la frontera. 

Fortificó la ciudad de Chillan; construyó un puente sobre eí 
rio AndaHen en Concepción; reedificó los cuarteles i defensa del 
campamento de Yumbel i fundó en la frontera el fuerte de San 
Cristóbal de la Paz. 

Su diiijencia se hizo sentir también en Santiago, donde adelantó 
la construcción de las casas para el Cabildo i la Audiencia^ 
comenzó un tajamar de piedra de dos i media varas de ancho 



(1] j^aas del cabildo de Santiago, t. VIII. 



I 



OIDORES BE LA REAL AUDIENCIA 



'i 



para contener las avenidas del Mapocho í continuó la fábrica de 
la cárcel. 

Como ei príncipe de Esqui lache» virrei del Perú, le ordenara 
poner en práctica unas ordenanzas para convertir en una con- 
tribucion pecuniaria el trabajo de los indios encomendados, Cerda 
las hizo pregonar en Concepción el 14 de febrero de 162 1. Estas 
ordenanzas, dictadas por el virrei de acuerdo con el padre Luis 
de Valdivia, produjeron un descontento jeneral entre los enco- 
nienderos, elemento poderoso en el país i que hacia sentir su 
influencia en el cabildo de Santiago, de modo que^ habiendo 
solicitado el gobernador al cabildo de Santiago un socorro de 
jente, se escusó el cabildo de hacerlo i hasta llegó a dirijirse 
al Reí solicitando se absuelva a los vecinos de la capital i sus 
criados de asistir a la guerra. 

Cerda no perdonó jamás al cabildo semejante actitud i muí 
luego este desacuerdo habia de provocar un rompimiento sona 
do e indecoroso* 

El gobierno del oidor solo duró once meses. Don Pedro Osó- 
rez de Ulloa, caballero de la orden de Alcántara, llamado a 
sucederle por nombramiento del príncipe de Esquilache, virrei 
del Perú, se recibió del mando en Concepción el 5 de noviem^ 
bre de 1621, 

Por febrero de 1623 se ocupaba el doctor Cerda en hacer una 
información de sus servicios para remitirla a España en apoyo 
de ciertas pretensiones (1). El cabildo de Santiago, que tenia 
sus motivos de resentimiento con el oidor, acordó en sesión de 25 
de febrero contradecir la información i todos los testimonios que 
pidiere el oidor o se le hubiesen dado i autorizó al capitán Mi- 
guel de Zamorai procurador jeneral de la ciudad, para hacer 
efectiva la contradicción donde fuera conveniente (2). 

Esta contradicción de! cabildo irritó al oidor de tal manera 
que, rompiendo con !as buenas prácticas de cortesía i comedi- 



(1) Parece indudable que Barros Arana conoció esta información, a 
juzgar por las numerosas noticias biográficas que consigna en su Hüiüria 
acerca del oidor. 

(2) Actas del cúhiMú de Santi^igo, t. IX. 



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26 



SILVA I MOUNA 



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ti 






miento, desahogó su cólera con el capitán don Francisco de 
Erazo, alcalde ordinario de Santiago, en la forma que se pasa 
a referir. 

Al medio dia del 4 de marzo de 1623 pasaba el alcalde don 
Francisco de Erazo por la calle que iba de la Plaza Mayor al 
Colejio Seminario cuando se encontró de manos a boca con don 
Cristóbal de la Cerda Sotomayor. Al punto pregunta éste a 
aquel por qué el cabildo contradecia su información habiendo 
hecho mas servicios que todos los gobernadores pasados i mas 
que la Audiencia misma, siendo que esto lo habia de probar i 
hacer declarar a los tales cabildantes que se atrevian a negarlo. 
" Contestó el alcalde que ninguno de los cabildantes dejaría de 
esponer lo que fuese verdad. 

Enojado el oidor dijo que los del cabildo «mentian como 
bellacos» i que se arrepentía de no haber aprovechado el tiem- 
po de su gobierno cpara quitarles las cabezas» en castigo de 
haberles negado el auxilio de jente que se pidió. 

Como el alcalde observara que la contradicción na se hacia 
particularmente por las personas sino por la corporación en 
masa, le replicó el oidor, cada vez mas arrebatado: 

— El que fuere i lo ha hecho es un bellaco i ha mentido en 
cuanto ha fecho i los de el (el cabildo); mas no me espanto, que 
todos son rapaces. 

— Los del cabildo, contestó el alcalde, son personas de mu- 
chas canas i acuerdo i como tales hacen sus cosas, yo soi el de 
menos edad i procuro aconsejarme para acertar. 

— Es un rapaz, vayase de aquí. 

— Pésame, señor, que tales cosas diga vuestra merced en parte 
donde las oigan personas que puedan sacarlas a la plaza i a 
mí obligarme a no callarlas, como quisiera, si estuviera solo. 

— Voto a Dios que si me replica lo meto de cabeza en un cepo. 

Escena tan agria tuvo lugar en la calle pública i en presen- 
cia del padre Cristóbal de Zamudio, el padre Hernando Galindo 
i los criados del alcalde. En el mismo dia, 4 de marzo, el pro- 
curador jeneral dio cuenta al cabildo del suceso obteniendo 
facultad para hacer las dilijencias necesarias para que se guar- 
den los miramientos debidos a la representación de la ciudad. 



u. 



OIDORES DE LA REAL AUDIENCIA ¿7 

I se consignaron en el acta las palabras del oidor (i). 

Este incidente no fué el único que recuerda el jenio impetuoso 
del doctor Cerda. El oidor Narváez refiere en su testamento los 
' malos ratos que pasó por causa de odiosas inculpaciones ema- 
nadas del doctor Cerda o consentidas por él. 

Don Cristóbal de la Cerda Sotomayor despachó en su oficio 
\ hasta 1636, año en que le sucedió en el decanato el doctor Ja- 

cobe de Adaro i Samartin. 

Barros Arana dice que fué casado con doña Sebastiana de 
Avenda.ño i tuvo numerosa prole, de la cual un hijo fué clérigo, 
otro jesuíta, dos frailes agustinos, dos hijas monjas i la misma 
doña Sebastiana, su viuda, acabó por encerrarse en un monas- 
terio (2). Menciona también a don Juan de la Cerda, hijo mayor 
del oidor, para qiúen pidió una encomienda de indios en carta a 
Su Majestad de lO de marzo de 162 1. 

La familia de la Cerda que se arraigó en Chile procede de 
don Alonso de la Cerda Miranda, natural de Ciudad Real, en 
Castilla la Nueva, hijo de don Juan de la Cerda, primo hermano 
del oidor don Cristóbal i de doña Francisca de Poblete. 

Don Alonso sirvió en la guerra de Chile como soldado, alfé- 
rez i capitán, fué maestre de campo i corrqidor de la Serena; 
se casó con doña Teresa de Contreras i tuvieron por su hijo a: 
^ El licenciado don Juan de la Cerda Contreras, fundador del 

mayorazgo de su casa que instituyó por escritura de 9 de octu- 
bre de 1703, ante Domingo de Oteiza, escribano púbUco de 
Santiago, imponiendo a sus sucesores la obligación de cargar 
el apellido de la Cerda i llevar sus armas en el mas preeminente 
lugar «i no lo cumpliendo así que por el mismo hecho pase la 
sucesión de él al siguiente en grado» (3). Este mayorazgo se 
conserva vijente hasta hoi en la estirpe del fundador. 



(i) Acias del cabildo de Santiago, t. IX. 

(2) Historia Jeneral de Chile, t. IV. 

(3) Rejístro de escribanos, Oteiza protocolo dé 1703, fojas 476 i siguien- 
tes.— AmunAtegui Solar, Mayorazgos i títulos de Castilla, En esta obra 
se hace un estudio muí circunspecto sobre la familia chilena de la Cerda. 



28 SILVA I MOLINA 



7. Licenciado Hernando Machado 

Natural de la villa de Zafra en Estremadura, España, hijo de 
Francisco Machado i de Mencía Núñez de Carvajal, naturales 
de dicha villa i los ascendientes de la familia Machado orijina* 
rios de las de Redondela i Soto justo, en el reino de Galicia. 

Al efectuarse la erección de la Real Audiencia de Santiago el 
licenciado Machado, que se hallaba en Quito, fué nombrado su 
primer ñscal; pero no encontrándose presente al acto de la inau* 
guracion se nombró interinamente en su lugar al licenciado 
Francisco Pastene, quien desempeñó la fiscalía hasta la llegada 
del propietario. En 1620 el licenciado Machado entró a servir 
la plaza de oidor (su juramento en 20 de noviembre), de la cual 
gozó hasta su fallecimiento, ocurrido en Santiago el 4 de julio 
de 1630, después de haber testado en 30 del mes anterior ante 
Bartolomé Maldonado, escribano de Cámara de la Audiencia. 
El testamento se abrió ante el capitán Luis de Contreras, alcalde 
de Santiago, i corre inserto en el protocolo de Miguel de Mi- 
randa Escobar (i). 

Casado con doña Ana de Chaves, hija del capitán Francisco 
de Chaves, natural de la ciudad de Trujillo, en Estremadura, í 
de doña Isabel González de Mesa, natural de Zafra. De este 
matrimonio tuvo por sus hijos a: 
. I. El doctor don Juan Machado de Chaves, canónigo, teso- 
rero, arcediano i deán de la catedral de Trujillo, en el Perú; teso- 
rero de la metropolitana de Lima; muerto en 1653 estando electo 
obispo de Popayan. 

2. El doctor don Pedro Machado de Chaves, oidor de la 
Audiencia de Santiago, a quien se recuerda en el lugar corres- 
pondiente. 

3. Doña Mencia de Chaves, casada en Quito con el capitán 
don Gabriel de Vera i Aragón, 

4. El doctor don Francisco Machado de Chaves, arcediano 



(i) Rejistro de Escríbanos. Miranda Escobar, 1 630-163 1, fs. 307. 



S 



4 



OlDOB£a DE LA EKAd. AUDIEÍCCIA 



29 



de Ie catedral de Santiago de Chile, provisor, vicario jeneral i 
gobernador de este obispado. 

5- Doña Isabel de Chaves, casada en Quito con el tesorero 
Pedro de la Torre, natural de la ciudad de Toledo, cabeza de 
España, muerto en Santiago de Chile bajo disposición testamen- 
taris de 22 de julio de 1627, otorgada ante el escribano 
Domingo García Corvalan (i). Fué el tesorero Pedro de la 
Torre hijo de Marcos de la Torre i de doña María Ortiz, veci- 
nos de Toledo i tuvo en su matrimonio con doña Isabel de Cha- 
ves cuatro hijas: doña Ana, doña María, doña Clara i doña Isabel 
de la Torre, de quienes procede buena parte de la antigua aris- 
tocracia chilena. 

La viuda del ücenciado Machado, doña Ana de Chaves, 
sobre vi via a su esposo en 163S, como parece de una escritura 
pública de 17 de abril de ese año en que confiere un poder para 
España en su calidad de patrona de la capilla de Santa Ana, 
fundada en la Iglesia Mayor de la ciudad de Llerena, en Estre- 
madura (2)* i 



8. Doctor Gaspar de Narváez i Valdelomar 

Natural de la ciudad de Jaén, capital del reino de su nombre 
en Andalucía, hijo de don Luis de Narváez i Valdelomar, natu- 
ral de la ciudad de Baeza i de doña Catalina de la Cruz Aldana 
i Robledo, natural de la de Jaén; nieto por línea paterna de 
Alonso de Valdelomar i Narváez i de doña Beatriz de Aillon i 
Cerón, por línea materna de Alonso de Robledo, natural de las 
Montañas, hermano del señor de la casa de Robledo i de doña 
Catatinii Rodríguez de Aldana, natural de la ciudad de Cáceres, 
en Estremadura» 

La familia de Narváez procede de uno de los ganadores de 
la ciudad de Baeza (año de 1227) i en virtud de tal orijen osten- 



(i) Rejistro de Eacribanos, García Corvat&Q, 161 4- 1535, fs, 161. 
(a) Rejistro de Escribanos, Bocanegra, 1637-1640, fs, 3:13. 



é 



30 SILVA I MOLINA 



taba el escudo de sus armas, cinco lirios de plata en campo de 
gules (i), en el arco toral de la iglesia parroquial del Alcázar de 
dicha ciudad, en la cual iglesia existiá también el enterramiento 
de la familia, donde fueron sepultados los abuelos paternos del * 
oidor Narváez i Valdelomar; sus padres lo fueron en la iglesia 
parroquial de la Magdalena de la ciudad de Jaén en una bóveda 
que poseían junto al altar del Sagrario. 

Luis de Narváez i Valdelomar, padre del oidor, litigó su nobleza 
en la Real Cancillería de Granada i sacó carta ejecutoria de 
hidalguía que el oidor trajo a estos reinos de Indias cuando 
pasó a ellos. Hizo autorizar copias de la ejecutoria i, al eman- 
cipar a sus hijos don Alonso, don Luis i doña Dionisia, se las 
entregó encargándoles el respeto por su calidad sin alabarse 
jamas de ello «sino que con sus obras i virtud se den a conocer» 
i solo en caso de ofrecerse ocasión de honra que les obligue a 
mostrar sus papeles parecerá mui bien hacerlo i no de otra 
manera. Así lo declara el oidor en cláusula testamentaria, que 
no deja de ser característica de la manera con que los persona- 
jes de aquella época hermanaban la jactancia del linaje con la 
sencillez de sus costumbres patriarcales, como bien lo deja cono- 
cer el oidor Narváez cuando aconseja a sus hijos que procuren 
vivir quieta, i pacíficamente «abrazándose siempre con la virtud, 
sin hacer perjuicio a nadie ni siendo soberbios ni descompues- 
tos en sus razones». 

Principian las memorias del doctor Narváez en tiempo que 
residia en Madrid desempeñando el cargo de Procurador Jene- 
ral de los Charcas del Perú. Hacia el año de 1581 se hallataen 
Sevilla con oficio de abogado de aquella Audiencia i empleo de 
teniente de la tierra de dicha ciudad. Por entonces contrajo ma- 
trimonio con doña Úrsula Ortiz Romano, hija de don Francisco 
Romano, natural de Valladolid i de doña Constanza Ortiz, natu- 
ral de Sevilla, recibiendo en dote seis mil i tantos ducados de a 
once reales de plata cada uno. Hai noticias de una capilla que 



(i) Arcóte de Molina, Nobleza de Andalucia^ folio 226. El testa- 
mento cerrado del oidor está lacrado con su escudo de armas, donde se 
ven los lirios de Narváez en jefe. 



^ OIDORES DE LA REAL AUDIENCIA 3 1 

Francisco Romano i doña f onstanza Ortiz fundaron en el claus- 
tro del convento de San Francisco, en Sevilla, cerrada dicha 
capilla con su reja, adornada de un altar i dotada de su respec- 
tiva renta para misas cantadas i rezadas que los relijiosos del 
convento tenian obligación de decir a perpetuidad por las almas 
de los fundadores. En la bóveda sepulcral de esa capilla yacen 
los miembros de la familia Ortiz Romano. 

Nombrado oidor de la Real Audiencia de Santo Domingo, en 
la Isla Española, él doctor Narváez se trasladó al lugar de su 
destino acompañado de su familia. Entre los parientes que le 
siguieron se encuentra Francisco de Villalobos i su mujer doña 
Catalina Ortiz i Mercado, sobrina carnal de la esposa del oidor 
como hija del secretario Diego Diaz de Mercado i de doña María 
Ortiz Romano. Por el año 1608 el oidor llamó a su lado a un 
primo-hermano suyo, llamado Francisco de Robledo i Aguilera, 
casado con doña María de Villamayor. Estas familias se aco- 
jieron a la protección del doctor Narváez i siguieron el camino 
de su fortuna. Cuando el oidor fué promovido a la Audiencia 
de Chile al pasar por el Perú supo que su hermano don Alonso 
de Narváez i Valdelomar vivia en la ciudad de León de Huá- 
nuco de los Caballeros casado con doña Beatriz Jara de Espi- 
nosa, con hijos que mantener i escasos bienes de fortuna. El 
oidor ofreció su apoyo a su hermano i lo trajo a Chile con su 
mujer i sus hijos, manteniéndolos hasta el fin de su vida en su 
propia casa. Estas larguezas del doctor Narváez demuestran no 
tanto su opulencia como la caridad inagotable que ejercitó sin 
medida, muchas veces con detrimento de sus propios intereses, 
pues hai constancia que al tiempp de su muerte le adeudaba el 
Fisco gruesas cantidades por salarios insolutos, para cuyo cobro 
habia constituido un apoderado en Madrid. 

Desempeñaba sus funciones en la Audiencia de Santo Do- 
mingo cuando el oidor Narváez hubo de tomar participación en 
el desarrollo de gravísimos acontecimientos que se desencade- 
naron con violencia tal que por poco el oidor no pierde la vida. 

Es el caso que aquella Audiencia recibió un oficio por donde 
constaba que el gobernador de Rio del Hacha i Santa Marta i 
otras' personas hablan usurpado gran suma de negros de una 



[ 



32 SILVA I MOLINA 



arribada maliciosa que con mas de quinientos habia llegado a 
puerto de su gobierno. Como el fiscal de la Audiencia pidiese 
que uno de los oidores se trasladase al lugar del suceso a dirijir 
personalmente las averiguaciones del proceso, el doctor Narváez 
fué comisionado al efecto. 

Una vez en Rio Hacha el oidor envió recado al gobernador, 
que se hallaba en Santa Marta, notificándole su comisión i lla- 
mándole a comparecer ante su presencia. Hízolo el gobernador; 
pero, arrojando los autos del proceso suficientes pruebas de su 
culpabilidad, fué retenido preso en casa de su morada. Persona 
tan audaz, como parece haber sido el gobernador, no habia de 
acobardarse por tan poco: así es que no tardó en escaparse de 
la prisión i arrancó a Santa Marta, en donde juntó mucha jente 
con armas de fuego, lanzas i caballos i así reforzado se dejó 
caer sobre Rio Hacha en son de guerra i con ánimo de prender 
al oidor. 

El escribano i demás oficiales de la comisión cayeron en 
poder del asaltante i si no arranca el oidor, cae también. 

Refujiado dentro del recinto sagrado de la Iglesia el doctor 
Narváez resistió firmemente a la entrega de los autos que el 
gobernador reclamaba. La ira de este llegó hasta privar al 
oidor de la comida i bebida. Habria sucumbido, probablemente, 
el terco majistrado si alguien no hubiera denunciado al gober- 
nador el lugar en que bajo de tierra hablan sido escondidos los 
autos. 

Hallado el escondrijo, el procesado hizo de su proceso cera i 
pabilo. 

Narváez escribió a Su Majestad dando cuenta de lo sucedido 
i obtuvo provisión por la cual Su Majestad destituyó al gober- 
nador, nombró otro en su lugar i encomendó al oidor Narváez 
el castigo del removido i demás culpados. En cumplimiento de 
la real cédula despachada al efecto, el oidor redujo a prisión al 
gobernador depuesto i sus cómplices; pero, desgraciadamente 
para el prestijio de la autoridad judicial, el nuevo gobernador 
trabó grande amistad con el antiguo. 

Aconteció un dia que la ciudad se alborotó con el toque de 
rebato que anunciaba a la población que los piratas amenaza- 



^ 



OtDOBEB I>B LA BEAL AUDIENCIA 



S3 



ban a Santa Marta, Puesta en ^ardía e! gobernador, con cajas 
de guerra, mosquetes i cuerdas encendidas, se dejó caer sobre la 
prisión en que estaban encerrados los reos, i sin hacer caso de los 
autos del oidor en que condenaba con pérdida de ía vida a quien 
se atreviese a libertad a los presos, los sacó de la prisión i se los 
llevó en su escolta. 

Indignado el oidor, se retiró a Cartajena i de allí salió para 
su Audiencia, dando cuenta a Su Majestad de los graves excesos 
i suplicándose cometa su castigo a otra persona. 

Su Majestad accedió a esta súplica i encomendó el asunto al 
licenciado don Diego de Medina Rosales que, en negocios del real 
servicio, se hallaba en Cartajena. 

Aparte de este acontecimiento no se conocen otras noticias de 
la estadía del oidor Narváez en la isla de Santo Domingo. Allí 
ocurrió el fallecimiento de su esposa doña Úrsula Ortíz Romano, 
Sus bienes los partió el oidor entre sus hijos, según autos que 
pasaron ante Juan Pérez Morillo, escribano público i del número 
de la ciudad dominicana (i). 

De la Audiencia de Santo Domingo el doctor Naváez fué pro- 
movido a la de Santiago de Chile, al cual tribunal se incorporó 
previo juramento de estilo» prestado en 19 de enero de 1622. 

Las aventuras que habían amargados los dias del oidor no 
escasearon durante el tiempo de su estadía en Chile. Habiéndose 
suscitado algunas diverjencias entre los ministros del real acuer- 
do, éstas subieron de punto hasta llegara decirse que los oidores 
Hernando Machado, don Rodrigo de Carvajal i Mendoza i Gas- 
par de Narváez 1 Valdelomar, habian intentado asesinar al oidor 
decano don Cristóbal de la Cerda Sotomayor i al fiscal Jacobe 
de Adaro i Samartin. Sea que estos dos últimos propagasen la 
especie o se hicieran eco de ella^ lo cierto es que el asunto se 
comentó públicamente i causó grande escándalo dentro i fuera 
del reino. 

El doctor Narváez, en su testamento, jura a Dios que ni de 
burla ni de veras jamas intentó tal cosa. 

Apenas conjurada esta tormenta, cuando se presentó otra de 



(i) Declaraciones testamentarias del oidor. 
3 



34 SILVA I MOLINA 



% 



no menor gravedad a raiz de ciertas diferencias habidas con el 
presidente del reino don Francisco Laso de la Vega. El doctor 
Narváez levantó sumario de lo sucedido i lo remitió a España con 
el capitán Sebastian de Silva; pero el presidente, qu^ recelaba de 
las maquinaciones de la Real Audiencia, mandó prender en el 
camino a Sebastian de Silva i le quitó los recaudos. Después 
notificó a Narváez, como oidor que habia conocido en el asunto, 
la entrega de las informaciones orijinales* Para no responder a 
las intimaciones del presidente, el doctor Narváez espuso los 
autos en la sala de audiencia i sentó en el libro de acuerdos cómo 
llevaba dichos informaciones para que el presidente ni otra per- 
sona alguna las viese hasta que Su Majestad proveyese otra 
cosa. 

En su testamento declara el concienzudo doctor que si obró 
de esta manera no fué con ánimo de injuriar al presidente sino 
por cumplir el juramento que hizo cuando se recibió de oidor. 

Falleció el doctor Narváez en Santiago el 13 de julio de 1632, 
habiendo otorgado su testamento en 3 de octubre de 1629, ante 
Diego Rutal, codicilo en 16 de diciembre de 1630 i un segundo 
codicilo en 12 de julio de 1632, víspera de su fallecimiento. Se 
abrió el testamento ante Antonio de Bocanegra, en cuyo proto- 
colo corre incorporado (i). 

Entre las disposiciones que hizo el oidor merecen atención 
aquellas en que manda se le entierre en la iglesia de Santo 
Domingo en la sepultura mas humilde que haya i donde se hu- 
bieren enterrado los mas pobres; que al decirle misa de cuerpo 
presente se ponga su ataúd en el suelo i no sobre tarima ni 
estrado; que no se ponga tumba sobre su sepultura; i por último, 
pide humildemente a los vecinos que asistieren a su entierro rue- 
guen a Dios por su alma, que la perdone i eleve a su gloria. 

El personaje que tanta modestia revela en estas mandas, de- 
clara en otra cláusula testamentaria que al pasar a Indias trajo 
la carta ejecutoria de su hidalguía, de la cual dio copias autori- 
zadas a sus tres hijos con sus respectivos árboles jenealójicos i 
pide que sus hijos hagan lo mismo con los suyos i vayan encar- 



(i) Rejistro de Escribanos. Bocanegra, 1627-1637, fojas 3'04. 



OIDOEES DE LA REAL AUDIENCIA 



35 



gando que lo sigan haciendo sus sucesores. «I hago este encargo, 
dice el oidor, por los sucesos que se ven en el mundo i especial 
en las Indias, habiendo de vivir en ellas.» 

Del matrimonio del doctor Gaspar de Narváez i Valdelomar i 
doña Úrsula Ortiz Romano, nacieron» entre otros hijos muertos 
en la infancia, los tres que siguen: 

I . El maestre de campo don Alonso de Narváez i Valdelomar, 
nacido en la ciudad de Sevilla; fué capitán de infantería española ^ 
sarjento mayor del presidio que existia en la ciudad de Santo Do- 
mingo, i castellano de Arauco, en Chile, falleció en Santiago de 
Chile el 14 de julio de 1656 bajo disposición testamentaria otor- 
gada en 7 de enero de ese año, ante Antonio de Bocanegra, que 
se insertó en el protocolo de Pedro Vélez, escribano que certificó 
la muerte del testador (i). Aunque fué casado con doña Juana 
Pantoja i Valenzuela, no tuvo sucesión de este matrimonio- Siendo 
soltero tuvo una hija natural en la ciudad de Santo Domingo, 
llamada doña Úrsula de Narváez, casada en Chile con el capitán 
Alonso de Atiencia, de cuyo tronco queda descendencia relacio- 
nada con muchas familias de Santiago, 

2. El capitán don Luis de Nar\^áez i Valdelomar ^ avecindada 
en Madrid, donde tuvo el cargo de procurador jcneral de las 
ciudades de la isla española de Santo Domingo. 

3. Doña Dionisia de Narváez i Valdelomar, casada con don 
Diego de Meneses i Rivera, alguacil mayor de corte de la Real 
Audiencia de Panamá. Según ciertas referencias que corren en el 
testamento de su hermano don Alonso, parece que fué segunda 
vez casada con don Juan de Quiñones. 



9. Licenciado don Rodrigo de Carvajal i Mendoza 

Natural de Ubeda, reino de Jaén» España, 

Acerca de su familia solo tengo noticias de un hermano, don 
Francisco de Carvajal, que sirvió muchos años en la guerra i 
ejército de FlándeSi hasta que murió de un cañonazo en el cerco 



(i) Rajistro de Escribanos. Pedro Véleí, protocolo de 1657, fojis 1 177- 



36 SILVA I MOLINA 



de Amiens, i por no haber dejado sucesión recayeron sus méri- 
tos en el oidor, su hermano. 

El licenciado Carvajal sirvió a Su Majestad en la averiguación 
de las mercaderías que se llevaban en la armada i flota de Tie- 
rra Firme en ocasión que el licenciado venia de los reinos de 
España a estos de Indias. También skc distinguió en la visita i resi- 
dencia del príncipe de Esquilache del tiempo que ejerció el vi 
rreinato del Perú. 

Nombrado oidor de la Real Audiencia de Santiago de Chile^ 
se hizo cargo de su oficio, previo juramento que se le tomó en 
3 de abril de 1623. Actuó sin interrupción hasta pocos dias an- 
tes de su muerte. 

Fué casado con doña Beatriz de Armentero^ i Valverde, na- 
tural de Sevilla, hija del doctor don Diego de Armenteros i He- 
nao, oidor de la Audiencia de Lima, i de doña Isabel de Val- 
verde. El dicho doctor don Diego fué hijo del señor Diego de 
Armenteros, del consejo de Su Majestad en el Real de las In- 
dias, a quiea se confiaron negocios mui graves i especialmente 
en la visita de la Casa de Contratación de las Indias, de que re- 
sultaron grandes efectos. Doña Isabel de Valverde fué hermana 
de don Francisco de Valverde, gobernador i capitán jeneral de 
la provincia de Tierra Firme i presidente de la Audiencia de 
Panamá (i). 

Hallábase viudo de doña Beatriz el oidor don Rodrigo cuando 
resolvió contraer segundas nupcias con doña Constanza de Va- 
lencia i Herrera, hija de Leandro de Valencia,, contador juez 
oficial real de la ciudad de Lima, i de doña Francisca de He- 
rrera, todos vecinos de dicha ciudad. Al efecto, otorgó escritura 




(i) Capitanía Jeneral, vol. 545, relación de méritos de don Rodrigo 
de Carvajal i Flores, nieto del oidor, presentada en 1689 al oponerse a la 
provisión de una encomienda de indios. En esta relación se agrega que doria 
laabel de Valverde fué hija lejítima del señor García de Valverde, presi- 
dente de la Audiencia de Guatemala, noticia que no recojo por no encon- 
trarla suficientemente esclarecida i hasta en contradicción con el testa- 
níiento de doña Mariana de Valverde i Mercado, la cual señora, hermana 
de doña Isabel, declara s«r natural de la villa de Cáceres, en Estrema - 
dura, bija de Baltasar de Valverde i de doña Catalina de Hinojosa. 



i 




OIBOIIEB DE LA REAL AUDIENCIA 



37 



en 1 6 de febrero de 1630, ante Miguel de Miranda Escobar, por 
la cual confirió poder para celebrar esponsales a! licenciado don 
Gabriel Gómez de Sanabria, oidor de la Audiencia de Lima, al 
doctor don Juan de Cabrera i Benavides, tesorero i canónigo de 
aquella Iglefsia Metropolitana i al factor i veedor de la Real Ha- 
cienda don Pedro Jarava, En la misma fecha confirió poder al 
canónigo Cabrera para recibirse de la dote (i). 

Pero este matrimonio no alcanzó a efectuarse porque los días 
del oidor estaban contados. 

El 27 de diciembre de 163 1, hallándose postrado de la última 
enfermedad don Rodrigo de Carvajal i Mendoza dio poder para 
testar, ante el escribano Diego Rutal^ al uidor Narváez i Valde- 
lomar, al padre maestro frai Gabriel de Covaleda, de la orden 
de Santo Domingo, i a doña Mariana de Valverde, tia de su 
esposa. En dicho poder manda se le entierre en la iglesia de 
Santo Domingo, en la capilla de Nuestra Señora del Rosario, i 
nombra por sus albaceas a las Eres personas precitadas (2). 

Muerto el oidor, se hicieron los inventarío^ de sus bienes con 
intervención del jeneral don Diego Jaraquemada, correjidor i 
justicia mayor de Santiago. 

Para los efectos de la ordenación del testamento el escribano 
Rutal notificó al oidor Narváez en 27 de enero de 1632 i ha- 
biendo visto i oido el poder dijo su merced que por estar ocu- 
pado en cosas del servicio de Su Majestad no podia usar de las 
facultades que se le concedian i «como escusado por las causas 
dichas renunció el albaceazgo para que las demás personas 
nombradas usen dél». En el mismo dia se otorgó el testamento 
ante Diego Rutai: el que no se encuentra en el rejistro de este 
escribano, si bien se inserta una copia del último en el protocolo 
de 1632-1633 (a fojas 81 vuelta), con motivo de una cobranza 
mandada hacer en Lima por doña Mariana de Valverde i Mer- 
cado en su carácter de tenedora de bienes i curadora de los hi- 
jos menores del oidor. 



(i) Bej. de Escríb. Miranda Escobar^ protocolo 1630-1651, fs, 48. 
(2) Rej, de Escrib, Rutal, 16^2-16^^ Ja. 81 vta- 



38 



SILVA I MOLINA 



Del matrimonio de don Rodrigo de Carvajal i doña Beatriz 
de Armenteros nacieron los tres hijos siguientes: 

1. Donjuán de Carvajal i Mendoza, casado con doña Clara 
Flores de León, hija del jeneral don Diego Flores de León. 
caballero de la orden de Santiago, i de doña Melchora de Moli- 
na; con sucesión. 

2. Don Diego Nicolás de Carvajal i Mendoza, nacido en San- 
tiago; se trasladó a Lima i estando de partida para dicha ciu- 
dad testó en 24 de julio de 1644, ante Pedro Vélez; era a la sa- 
zón soltero (i). 

3. Doña Beatriz de Carvajal i Armenteros, nacida en San- 
tiago, casada el 22 de octubre de 1645 con don Miguel Gómez 
de Silva i Verdugo, alguacil mayor de corte de la Real Audíen 
cia de esta ciudad, a quien aportó una dote de veinte mil cua 
trocientos pesos, según escritura de recibo que otorgó don Mi 
guel ante Pedro Vélez el mismo dia de su matrimonio (2). Fa 
Ueció doña Beatriz bajo disposición testamentaria de 4 de octu 
bre de 1676, otorgada ante Juan de Agurto Gastaftaga; tuvo en 
su matrimonio once hijos (3). 

Como en algunos párrafos de esta biografía se hace referen- 
cia a doña Mariana de Valverde i Mercado, no será inoficioso 
agregar que esta señora fué natural de Cáceres, en Estrema- 
dura, hija de Baltasar de Valverde i de doña Catalina de Hino- 
josa i que falleció soltera en Santiago después de haber testado 
en 22 de setiembre de 1652, ante Pedro Vélez (4). 



10. Doctor Jacobe de Adaro i Samartin 

Juró el empleo de fiscal de la Audiencia el 19 de enero de 
1622, del cual ascendió a la plaza de oidor, jurando este cargo 
el 29 de marzo de 1632. 



(i) Rej. de Escrib. Pedro Vélez, 1644, fe. 367. 

(2) Rej. de Escrib. Pedro Vélez, 1645, fs. 599. 

(3) Rej. de Escrib. Agarto G^stañaga, 1676, fs. 785. 

(4) Rej. de Escrib. Pedro Vélez, 1660-1661, fs. 134. 



OIDORES DE LA RSAL AUDIENCIA 39 

En las contrariedades habidas entre el oidor Cerda i los oido- 
res Machado, Narváez i Carvajal se abanderizó el doctor Adaro, 
siendo fiscal, al lado del doctor Cerda poniéndose en contradic- 
ción con los otros tres ministros del tribunal. La muerte de 
estos majistrados le colocó en situación mas afortunada, de modo 
que en 1636 pudo suceder al doctor Cerda en la categoría de 
oidor mas antiguo. 

Después pasó de oidor a la Real Audiencia de Lima (l). 

Casado con doña Maria Ramírez de los Olivos i Abalos, hija 
única de Francisco Ramírez de los Olivos i de doña Catalina de 
Abalos. De este matrimonio nació doña Catalina de Adaro, que 
figura en 1635 representando el derecho de su madre difunta a 
la herencia de su abuelo (2). 

II* Doctor don Pedro González de Güemes 

Prestó juramento para entrar al goce de su plaza de oidor el 
16 de mayo de 1635. Actuaba en 1648 con la categoría de oidor 
decano, en que parece sucedió al doctor Adaro i Samartin. Al 
año siguiente se habia despedido de la Audiencia de Santiago 
por estar promovido a la del Nuevo Reino de Granada. Por es- 
critura de 20 de julio de 1649, otorgada ante Pedro Vélez, el 
doctor Güemes, antes de partir para Nueva Granada, nombró 
por su apoderado jeneral en Santiago al licenciado don Alonso 
Hurtado de Mendoza, su cuñado (3). 

Casado con doña Clara Jaraquemada Solórzano del Hoyo 1 
Silva, natural de Santiago, hija del jeneral don Diego Jaraque- 
mada, correjidor i justicia mayor de dicha ciudad, i de doña 
Maria de Silva i Morales. Aportó doña Clara Jaraquemada una 
dote de cuarenta mil pesos de a ocho reales, como^se refiere en 
una cláusula del testamento otorgado por doña María de Silva, 
su madre, en 4 de enero de 165 1, ante Pedro Vélez (4). 



(i) Mkndiburu, Diccionario Biográfico del Perú, t. III, páj. 433. 
(a) E«jís1ro de Escribanos. Diego Rutal, protocolo 1635 -1636, f«. 536, 

(3) Rejistro de Escribanos. Pedro Vélez, protocolo lü, de 1649, fs. Sjr. 

(4) Rejistro de escribanos. Pedro Vélez, protocolo de 1651, fs. 14, 



k 




40 SILVA I MOLINA 



De este matrimonio conozco un hijo, don Juan Fausto de 
Güemes, ya nacido en 1651, i a quien su abuela doña María de 
Silva dejó quinientos pesos cpara su avío». 

12, Doctor don Pedro Machado de Chaves 

Natural de Quito, hijo del licenciado Hernando Machado, 
oidor de Santiago i de doña Ana de Chaves. Estudió en el colejio 
real de San Felipe de la ciudad de Lima i fué catedrático de la 
Universidad de San Marcos (i). Entró a desempeñar la plaza 
de fiscal de la Audiencia de Santiago en 1622 (su juramento en 
14 de mayo); de este puesto pasó al de oidor del mismo tri- 
bunal en 1635 (su juramento en 16 de diciembre). Después obtu- 
vo su jubilación, acaeciendo su fallecimiento el 14 de abril 
de 1657. 

En su testamento, otorgado en 18 de diciembre de 1646, ante 
Domingo García Corvalan, escribano de Santiago, mandó se le 
diera sepultura en la iglesia de San Francisco en el enterramien- 
to donde yacían sus padres;, reconoció un hijo natural llamado 
el doctor don Antonio Machado; e instituyó por su heredero 
universal a su hermano don Francisco Machado de Chaves, arce- 
diano de la catedral de Santiago (2). 

13. Doctor don Pedro Gutiérrez de Lugo 

Entró a servir su plaza de oidor previo juramento que prestó 
el 10 de abril de 1636, ocupando la postrera silla del tribunal 
que integraban el licenciado Jacobe de Adaro i Samartin, doctor 
don Pedro González de Güemes i doctor don Pedro Machado de 
Chaves. ■ 

Continuaba en sus funciones en marzo de 1642, según actua- 
ciones de esa fecha (3). 



(j) Mendiburu. Diccionario Biográfico del Perú, 

(2) Rejistro de Escribanos. <3arcía Corvalan. 1635-1656, fs. 178. 

(3) Real Audienciay vol. 122, fs. 243. 



") 



i 



i_ 



OIDORES DE LA REAL AUDIENCIA 4r 



14. Licenciado don Bernardino de Figueroa 
i de la Cerda 

Natural de Carmena, reino de Sevilla, España. Prestó el jura- 
mento de estilo para entrar al goce de su plaza de oidor, el 5 de 
junio de 1640; en 1649 figura con el carácter de oidor mas anti- 
guo; de la Audiencia de Chile pasó a la de Lima a servir los 
empleos de alcalde de corte i juez de provincia; promovido a 
oidor del mismo tribunal, actuaba en su oficio en 1660. 

Casado con doña Josefa de Merlo i Santa Cruz, natural de 
Lima, hija del doctor Luis Merlo de la Fuente, fundador de la 
Audiencia de Chile, gobernador i capitán jeneral dé este reino, 
i de doña Jerónima de Santa Cruz, tuvieron por su hija a: 

I , Doña Josefa Antonia de Figueroa i Merlo, natural de San- 
tiago; casada en Lima el 4 de febrero de 1662 con don Gaspar 
de la Puente i Verástegui, natural de Sevilla, gobernador de 
Cochabamba. Consta la ascendencia de esta señora de una cer- 
tificación de blasones i jenealojía despachada por don Ramón 
de Zazo i Ortega, cronista i rei de armas del rei don Carlos III, 
dada en Madrid a 21 de noviembre de 1781, a pedimento de 
don Francisco de la Puente i Sandoval, su bisnieto (i). 



15. Doctor don Nicolás Polanco de Santillana 

Cabañero de la orden de Santiago. Prestó juramento para en- 
traren ejercicio de su plazo de oidor en 10 de mayo de 1644. Su- 
cedió a don Bernardino de Figueroa i de la Cerda en la categoría 
de oidor mas antiguo. En 1660 pasó a la Audiencia de Lima a 
servir el empleo de fiscal de ella; desempeñaba este oficio en 
diciembre de dicho año al solucionar .el virrei, conde de Alba 
de Liste, la cuestión de precedencia suscitada entre los oidores 
Huerta i Azaña. 



(í) Biblioteca de don Marco Aurelio Cabero. 



42 8H.VA I MOLINA 




Casado con doña Juana de Guzman ¡ Cabrera tuvo de este 
matrimonio una hija, doña Catalina Polanco de Santiliana i Guz- 
man, que según denuncio hecho en los momentos que ei oidor • . 
partía de Santiago, estaba casada con don Gaspar de Ahu- 
mada (i) ^ 

Sin embargo, en el testamento que don Gaspar de Ahumada 
otorgó en 4 de agosto de 1696, ante Francisco Vélez, declara 
que fué casado con doña Leonor Ramírez de Carvajal i no hace 
mención alguna de otro casamiento, con la circunstancia de no 
existir coetáneamente sino un solo personaje de aquel nom- 
bre (2). 



16. Licenciado don Antonio Fernández de Heredia 

Entró a desempeñar el oficioMe Fiscal de la Audiencia de San- 
tiago el 10 de juUo de 1636; promovido a la plaza de oidor se 
le recibió el juramento acostumbrado el 1 2 de marzo de 1 646. 

Acerca de su familia ofrece algunas noticias una escritura 
otorgada en Santiago a 30 de noviembre de 1649, ante el escri- 
bano Pedro Vélez, en que el oidor i su hermana doña María de 
Heredia, doncella, como hijos lejítimos i universales herederos 
de doña Casilda de Heredia muerta bajo testamento otorgado 
en la villa de Almodóvar del Campo de Calatrava, arzobispado 
de Toledo, a 23 de agosto de 1648, ante el escribano de dicha 
villa Tomé Portillo, confirieron su poder cumplido a don Pedro 
de Saldías, caballero de la orden de Santiago, residente en la 
ciudad de los Reyes del Perú, para que en su nombre cobre i 
reciba en la ciudad de Panamá, provincia de Tierra Firme» los 
bienes que quedaron por fallecimiento del licenciado don José 
Fernández de Heredia, canónigo de la catedral de dicha ciudad, 
hermano de los otorgantes i que por su testamento dejó a la 
referida doña Casilda de Heredia, madre de los tres, bajo el 



1 



4 
I 
t 



ji 



(i) jReal Aíuíiencia, vol. 497. 

(2) Rejistrode escríbanos. Francisco Vélez. 



OIDORES DE LA REAL AUDIENCIA 43 

albaceazgo de José García de Alvar Alonso, alguacil mayor de 
Panamá, en cuyo poder paraban los bie;nes (i). 

Funcionaba en 1652. 

Casado con doña Domesa de Argarate i Lizarri, natural de la 
villa de San Sebastian, provincia de Guipúzcoa, hija del capitán 
Martin de Argarate i Lizarri i de doña Isabel Arrizabalaga, veci- 
nos de dicha villa, Doña Domesa habia sido casada en primeras 
nupcias con el capitán Martin de Ugalde i de este matrimonio 
habia tenido una hija, doña Ana María de Ugalde i Argarate, 
que se habia quedado residiendo en Madrid. En su segundo 
matrimonio con el licenciado Fernández de Heredia no tuvo 
sucesión. 

Falleció doña Domesa de Argarate en Santiago el 1 3 de enero 
de 1652, bajo poder para testar conferido a su esposo el 13 de 
abril de 1644, ante Pedro Vélez; que el oidor ejecutó el 11 de 
mayo de 1652 ante el mismo escribano (2). 

Mendiburu rejistra como oidor de Lima a don Antonio Fer- 
nández de Heredia, caballero de la orden de Santiago (3). 



17. Licenciado don Gaspar de Escalona i Agüero 

Mendiburu noticia de este personaje diciendo que estudió en 
los colejios de Lima i Universidad de San»Márcos; que fué corre- 
jidor de Jauja, gobernador de Castrovireyna, procurador jeneral 
de la ciudad del Cuzco i oidor de la Audiencia de Chile; que 
escribió una obra sobre justicia, gobierno, hacienda i guerra 
titulada Gazophilacio Regium Perubicum^ impresa en Madrid en 
1647, la primera parte en latin i la segunda en castellano; i que 
dejó manuscrita otra obra titulada Del oficio del Virey, elojiada 
por Pinelo en su Biblioteca Indica (4). Termina Mendiburu con- 



(I) Rcjistro de Escribanos. Pedro Vélez, protocolo IV de 1649, fo- 
jas 1^44. 

(a) Rej. de Escrib. Pedro Vélez, protocolo de 1652, fojas 492. 

(3) Mendiburu. Diccionario Biográfico del PerUy t. III. 

(4) MENmBURU, Diccionario Histórico Biográfico del Perú, t. III, 
páj. 48. 







44 SILVA I MOLINA 



signando que no se sabe con evidencia la patria del oidor Esca- 
lona, pues, aunque en el Gazophilacio se dice que nació en Chu- 
quisaca, hai autores que le creen limeño, i un historiador 
ecuatoriano le cuenta entre los hijos de su pais que se han inmor- 
talizado por sus luces i literatura (i). 

El licenciado don Gaspar de Escalona i Agüero se incorporó 
a la Audiencia de Santiago de Chile previo juramento que prestó 
el 9 de mayo de 1649; funcionó solo ocho meses i falleció a 
poco de haber conferido poder para testar a su esposa i al oidor 
don Nicolás Polanco de Santillana en 21 de enero de 1650, ante 
Pedro Vélez (2). En dicho poder para testar declara el licenciado 
ser natural de la provincia de los Charcas, hijo del doctor Gas- 
par de Escalona i Agüero i de doña Isidora Res de la Torre. Se 
otorgó el testamento el 14 de mayo del mismo año. Por este 
instrumento consta que el oidor fué sepultado en la iglesia de la 
Merced; que la mayor causa de su muerte fué el gran trabajo 
que empleó en escribir el Gazophilacio i cel libro que iba aca- 
bando i tenia en mui buen estado de El espejo de Vireyes^ i como 
Nuestro Señor fué servido de llevársele, no pudo acabarle». 

Casado con doña Elvira Tello de Guzman, quien le llevó en 
dote ocho mil pesos de a ocho reales producidos de un correji- 
miento qué dio el conde de Chinchón, virrei del Perú, para a3aida 
de la dote. Nacieron de este matrimonio los cuatro hijos que 
siguen: • 

1. Doña María Olano. 

2. Doña Isabel Tello de Guzman. 

3. Don Juan de Escalona i Agüero. 

4. Don Francisco de Escalona i Agüero. 



18. Licenciado don Pedro de Azaña Solis i Palacio 

Natural de la villa de Torrijos, provincia de Toledo, España, 
hijo de Bartolomé Sánchez Palacio i de María de Azaña. Se le 



(i) Ceballos, Resumen de la Historia del Ecuador. 
(2) Rejistro de Escribanos. Vélez, 1650, folio 617. 



OIDORES DE LA REAL AUDIENCIA 45 

encuentra en Lima con oficio de abogado de su Audiencia, 
teniendo compañía con el capitán don Bartolomé de A^añá, caba- 
llero de Santiago, su hermano, para comerciar en el obraje de 
ropa de la tierra en la villa de Cajamarca. Obtuvo plaza de oidor 
de la Audiencia de la Plata, provincia de Charcas, i de allí fué 
promovido a la de Santiago de Chile. Estaba de partida para 
esta ciudad (1654) cuando, por haber consentido en el matrimo- 
nio de su hijo don Lesmes con doña María de Figueroa i Qui- 
ñones, natural de Chuquisaca, se le fulminó una causa con impu- 
tación de haber desobedecido las reales ordenanzas que prohibían 
el matrimonio de los hijos de los ministros dentro del territorio 
de la Audiencia. Aunque el oidor alegó estar fuera de la juris- 
dicción del tribunal de la Plata i el conde de Salvatierra, virrei 
del Perú, que se avocó el conocimiento de la causa, le absolvió 
de la acusación, no fué bastante para impedir que después de su 
fallecimiento se decretase embargo de sus bienes, como medida 
de prevención, por si acaso el Consejo de Indias resolviese otra 
cosa en contrario ( i ). 

Duró en sus funciones desde el dia i.® de febrero de 1655, en 
que prestó el juramento de estilo, hasta su muerte, acaecida el 
24 de setiembre de 1661, habiendo otorgado poder para testar 
en 20 del mismo mes i año ante José Alvarez de^ Toledo, escri- 
bano de Santiago (2). 

Fué sepultado en la iglesia de San Francisco t arriba del altar 
mayor en el lado del Evanjelio que aunque este lugar no lo con- 
ceden los relijiosos sino a los señores obispos, sin embargo, por 
ser depósito i sin que sirviese de ejemplar para otra persona 
alguna, aunque fuese de igual o mayor dignidad, concedieron la 
dicha sepultura». 

Aunque en la escritura de 20 de setiembre de 1661 el oidor 
Azaña (3) confirió poder para testar al doctor don Juan de Huerta 



(i) Real Audiencia^ vol. 373. 

(2) Rejistro de Escribanos. José Alvarez de Toledo, í6^i, fs. 137. 

{3} El apellido de este oidor aparece escrito promiscuamente Hazaña 
o Azaña. Me afirmo en la segunda ortografía porque es apellido signi- 
ficativo dé lugar, i Azaña es un pueblo de la provincia de Toledo. 



k 



46 SILVA I MOLINA 




Gutiérrez, oidor del mismo tribunal, a frai Sebastian Vázquez, 
franciscano, i a don Antonio Calero Carranza, alcalde de la ciu* 
dad, su sobrino, no pudo otorgarse el testamento a la muerte de 
Azaña, sino hasta el 1 8 de enero de 1662, porque el oidor 
Huerta Gutiérrez decliiyS desde un principio el cargo escusán* 
dose con la falta que tenia la ^nudiencia de ministros para los 
negocios i casos que se podian ofrecer. Los albaceas dejan cons- 
tancia en el testamento que en los funerales del oidor (misas 
cantadas i rezadas, lutos, cera i otras demostraciones) invirtieron 
hasta la cantidad de dos mil pesos de a ocho reales; también 
refieren que el seflor oidor habia remitido a España diez mil pe- 
sos para pretensión de un hábito de una de las tres ordenes 
militares para su hijo don Lesmés con ánimo de igualarle en este 
honor con don Juan, su hermano. 

En los inventarios se halla la biblioteca del oidor, que se com- 
ponia de ochocientos cincuenta i cinco cuerpos de libros gran- 
des i pequeños de leyes, historia i otras cosas. *í 

Fué casado con doña Ana de Oña Zapata i de este matrimo- ' 

nio tuvo por sus hijos a: 

1. Donjuán de Oña Palacio i Azaña, caballero de la orden 
de Santiago» residente en Lima. 

2. Don Pedro, muerto en vida de su padre. 

3. Don Lesmes de Oña Palacio i Azaña, casado en la ciudad 
de la Plata al tiempo que su padre emprendía viaje a Chile 
(1654) con doña María de Figueroa i Quiñones, natural de k 
misma ciudad. 



19. Doctor don Juan de Huerta Gutiérrez 

Natural de Lima; estudió en el Seminario de Santo Toribio; 
fué el primer catedrático de prima de leyes de la Universidad 
de San Marcos, cuya elección ganó en competencia con sus 
maestros don Juan Blásquez i don Juan del Campo (i). 

Entró a desempeñar la fiscalía de la Audiencia de Santiago 



(i) Mendiburu, Diccionario Biográfico del Perú, t. IV, páj. 282. 



^ 

*• 




OIDORES DE LA REAL AUDIENCLA. 47 

en 22 de marzo de 1646, fecha de su juramento; promovido a la 
plaza de oidor, juró el 9 de marzo de 1655. En este mismo año 
se trasladó a Concepción' en carácter de auditor de guerra i luego 
se vio envuelto en las gravísimos sucesos que se desencadenaron 
en aquella ciudad a empuje del pueblo sublevado que exijió su 
dimisión al presidente de Chile don Antonio de Acuña i Cabrera. 
El Oidor aprobó la decisión de trasferir el mando al maestre de 
campo Juan Fernández Rebolledo, pero esta medida solo sirvió 
para exasperar mas aun a los amotinados, quienes se lanzaron a 
casa del oidor con ánimo de asesinarle i como no le encontra- 
sen, que habia tomado asilo en la iglesia de San Juan de Dios, 
«le acuchil'aron su cama i rasgaron los papeles de su oficio», 
aclamado gobernador don Francisco de la Fuente Villalobos, i 
recibídose ante el cabildo, hizo sacar ocultamente al doctor 
Huerta i con la correspondiente seguridad le despachó en camino 
para Santiago (i). 

A la salida del doctor Polanco de Santillana, oidor mas anti- 
guo (1660), el doctor Huerta asumió esta categoría con oposi- 
ción del licenciado Azaña Solis i Palacio, que se la disputó 
valientemente, hasta que el conde de Alba de Liste, virrei del 
Perú, en consulta con la Audiencia de Lima, declaró por auto de 
26 de noviembre de 1660 que el decanato correspondía a Huerta. 
Se despachó real provisión en este sentido con fecha 3 de diciem- 
bre, que vino a tener obedecimiento en Chile el 14 de marzo de 
1 66 1, cuando el oidor Azaña postrado por sus enfermedades se 
hallaba al borde del sepulcro i el doctor Huerta se habia largado 
al Perú sin hacer venia alguna a la autoridad superior del reino. 
Acerca de esta partida inusitada del oidor trata una carta del pre- 
sidente don Pedro Porter Casanate al oidor don Alonso de So- 
lórzano i Velasco, fechada en Concepción, a 12 de febrero de 
1661, en que dice: 

«cVeo el escándalo i confusión que ha causado la resolución 
del S,**' D.®' don Juan de Huerta en su ida, dejándome con admi- 
ración la misma consideración que v. m. hace de su prudencia, 
cordura i letras, pues nada desto bastó a la que debiera hacer 



(1) P. Miguel de Ouvares, Historia de Chile, 



\ 



t 



48 SILVA I MOLINA 



para escusar aceleración tan grave como desamparar su Audien- 
cia sin causa ni licencia de 8u Majestad i antes en contravención 
de cédulas» (i). 

Consta que por enero de 1662 había regresado de su* viaje i 
despachaba tranquilamente en su tribunal. 

Mendiburu completa la biografía del doctor Huerta diciendo 
que fué inquisidor decano del Perú; que no admitió el nombra- 
miento de presidente i capitán jeneral del Nuevo Reino de Gra- 
nada hecho a su favor, que disfrutó de mucha nombradía como 
jurisconsulto i que por sus luces i erudición estuvo en lugar bas- 
tante superior entre los literatos de su época (2). 



20. Doctor 4on Alonso de Solórzano i Velasco 

Natural de Lima, en donde fué bautizado el 17 de enero de 
1608, hijo de don Alonso Fernández de Solórzano, contador i 
veedor jeneral del ejército de Chile, i de doña María Ana de 
Velasco. Se educó en el colejio real i mayor de San Felipe de 
su ciudad natal, fué después su rector varias veces, doctor i ca- 
tedrático de Instituta de la Real Universidad de San Marcos. 
Pasó a Santiago de Chile de fiscal de la Real Audiencia en 1648. 
Con fecha 2 de abril de 1657 informó a Su Majestad sobre las 
cosas de Chile, haciendo una descripción de la ciudad de San- 
tiago, los correjimientos que comprendía la capitanía jeneral, la 
jente que militaba en la guerra i el estado jeneral del pais (3). 
En 7 de enero de 1659 juró el cargo de oidor. En 1664, siendo 
oidor decano, tuvo graves disenciones con el presidente don 
Francisco de Meneses, que trajeron por resultado el destierro 
del oidor a Chimbarongo. Sintiéndose enfermo se hizo trasladar 
a Santiago para curarse en la enfermería del convento de San 
Francisco, desde donde escribió al presidente pidiendo permiso 
para ocuparse en el restablecimiento de su salud; pero, lejos de 



(i) Biblioteca Nacional. Archivo de la Real Audiencia^ vol. 487. 

(2) Diccionario Biográfico del Perú, t. IV, p >j. 282. 

(3) Gay, Documentos de la Historia de Chile^ t. II. 



OIDQBES DE LA RBAL AUDIENCIA 49 

concedérsele dicho permiso^ se le ordenó salir para Peñaflor. 
Solónano se quejó a Su Majestad de los procedimientos de Me- 
tieses, en carta fechada en San Antonio de Malloa, a 8 de agosto 
de 1664 i en otra fechada en Peñaflor, a 25 de octubre (i). 

No alcanzó a presenciar la caida de Meneses, porque ese 
mismo año de 1664 pasó a fundar la Audiencia de Buenos Ai- 
res, que después se estinguió. Cumplida esta misión pasó a ser- 
vir una plaza de oidor en la Audiencia de Charcas o Chuquisaca, 
en cuyo oficio terminó su vida en 1 680, habiendo testado en 5 
de julio de 1679» ante Diego Ortiz Gallo, escribano público de 
la ciudad de la Plata* 

Casado primera vez con doña Jerónima de Aldana i Noroña, 
hija del licenciado don Diego de Aldana i Noroña i de doña 
Francisca Carlos i Serantes; tuvieron por su hijo a: 

1. El doctor don Alonso de Solórzano i Aldana, alguacil ma- 
yor de la ciudad de Chuquisaca, correjidor i justicia mayor de 
las provincias de Caravaylla, Chichas, Aimparaes i otras; muerto 
sin sucesión. 

Segunda vez se casó en Lima el 23 de agosto de 1654 (sien- 
do fiscal de Chile) con doña Ana Muñoz Ternero, natural de di- 
cha ciudad, hija del doctor don Marcos Muñoz Ternero, abogado 
de la Real Audiencia de Lima, i de doña Luisa de Arrieta. Falle- 
ció doña Ana Ternero en Santiago i fué sepultada en la iglesia 
conventual de San Francisco, De este matrimonio nació: 

2. Doña Francisca de Solórzano, nacida en Santiago i bauti- 
zada el 5 de octubre de 1657; fué única heredera de su padre 
por muerte de su hermano mayor; se casó con don Juan Nico- 
lás Roldan Dávila, caballero de la orden de Santiago, vecino 
encomendero de la ciudad de Lima, a quien llevó en dote la suma 
de setenta i tres mil pesos; testó en Lima en 5 de noviembre de 
1729, ante Marcos de Uceda, escribano de provincia. Proceden 
de este matrimonio los marqueses de Santa María de Pacoyan, 
en cuyo libro de familia se rejistran las filiaciones citadas (2). 



(i) Biblioteca Nacional. Archivo Vicuña Mackenna, vol. 298. 
{2) Oríjen i filiación de los marqueses de Santa María de Pacoyan, M. 
S. perteneciente a don Marco Aurelio Cabero. 



p 



50 SILVA I MOLINA 



21. Doctor don Gaspar de Cuba i Arce 

Prestó juramento para incorporarse al tribunal el 10 de mayo 
de 1662, cuando aun no contaba treinta años de edad (i). Tomó 
residencia a los presidentes del reino don Pedro Porter Casa- 
nate i don Anjel de Peredo. Anduvo enemistado con el presi- 
dente don Francisco de Meneses, i recelando éste del oidor, le 
despachó con una comisión a la provincia de Cuyo por e! año 
de 1664. 

Funcionaba en 1671 con el carácter de oidor mas antiguo. 
En 1672 se ocupaba en visitar las reales cajas de Concepción 
por orden de Su Majestad, tomando cuenta a los oficiales reales 
de los ramos de Hacienda i Situados, de que dio razón en los 
autos de visita. Estaba de regreso a su Audiencia en agosto de 
dicho año (2). 

Después pasó de oidor a la pretorial de Lima (3). 




1 



22. Doctor don Manuel Muñoz de Cuéllar 

Natural de la villa de Peñaranda de Bracamonte, en Castilla 
la Vieja, hijo de Juan Muñoz Pabon i de doña Ana Sánchez, 
vecinos de dicha villa. Fiscal de la Audiencia de Santiago de 
Chile en 1649; oidor en 1662, prestó juramento en 25 de no- 
viembre de dicho año. 

Bajo el gobierno del presidente don Francisco de Meneses, e! 
doctor Muñoz se puso en abierta contradicción con los oidores 
don Alonso de Solórzano i Velasco i don Gaspar de Cuba i Arce. 
A su pedimento fué suspendido en sus funciones el oidor decano 
Solórzano i desterrado de Santiago; pero a su vez esperinientó 
Muñoz la enemistad del presidente. Amenazado en su propio 



(i) En 1 67 1 prestó una declaración i dijo tener 38 años de edad, lo que 
indicaría haber nacido en 1633. 

(2) Bibl. Nac. Archivo Vicuña McLckenna, Copicis de Indias, vol. 302. 

(3) Mendiburu, Dice. Biográf, del Perüy t. III. 



OIDORES DE LA REAL AUDIENCIA 



tribunal, teniendo a la vista el camino que hablan seguido sus 
demás compañeros, Solórzano en el destierro, Cuba enviado en 
comisión a la provincia de Cuyo, Peña Salazar visitando a su 
pesar la provincia de QuUlota, comprendió Muñoz de Cuéllar 
que el presidente intentaba la disolución de la Audiencia i, an- 
tes que consentir en la realización de tamaño atentado, afrontó 
enérjicamente la cólera de Meneses. En cartas a Su Majestad de 
I." de febrero i 30 de marzo de 1666 se quejó del violento pro- 
ceder de Meneses i le acusó de querer dejar acéfala la adminis- 
tración de justicia para alzarse dueño del estado (i). 

La muerte le sorprendió én 3Ó de enero de 1667. 

Había otorgado su testamento en 6 de ese mes i año, ante 
Juan de Agurto Gastañaga, escribano de Santiago (2) 

Casado con doña Ana Flores, no tuvo sucesión. 

Viuda del oidor, casó doña Ana Flores con don Antonio Ca- 
lero, i viuda de éste, casó en terceras nupcias con el capitán 
José Zorrilla de la Gándara, tesorero juez oficial real de la Real 
Hacienda, no teniendo sucesión de ninguno de sus matrmonios. 

Tenia su casa doña Ana en el barrio NO. de Santiago, a in- 
mediaciones del rio i a seis cuadras de la plaza, i deseando ha- 
cer una fundación a beneficio de la Compañía de Jesús, por es- 
critura de 20 de diciembre de 1678, otorgada con licencia de su 
esposo don José Zorrilla de la Gándara, ante el escribano don 
Juan Agurto Gastañaga, hizo donación a los relijiosos de la 
Compañía, de su casa, con la iglesia, capilla, torre, sacristía i 
convento que tenia hecho para la clausura de los padres, i ade- 
mas una huerta, viña, estanque, molino i esclavos, que todo fué 
tasado en 9 de agosto de ese año, en cuarenta i tres mil nove- 
tientos veinte pesos i seis reales, comprendidos en dicha tasa- 
ción la plata labrada, lienzos i pinturas de la iglesia, ornamen- 
tos, albas i manteles (3). El padre vice-provincial Francisco Ja- 
vier Grijalva aceptó la donación i el jeneral de la Compañía 



(i) Biblioteca Nacional. Archivo Vicuña Mackenna, vol. 299. 
(2> Rejistro de Escribanos. Agurto Gastañaga, 1677, fojas 73. 
(3) Rejistro de Escribanos. Juan de Agurto Gastañaga, protocolo de 
1677- 1 678. fojas 277. 



52 SILVA I MOLINA 



Otorgó a doña Ana la patente de fundadora, mandando ofrecerle 
las misas, comuniones i coronas prescritas en las constituciones 
de la Sociedad. 

Este oríjen tuvo el Colejio Seminario de San Pablo que exis- 
tió hasta la espulsion de los padres jesuítas en 1767. 

Doña Ana Flores terminó sus dias de carmelita descalza en 
el monasterio de San José de la Cañada, ejempliñcando a las 
demás monjas con su relijiosidad i virtudes (i), 

t 

23. Doctor don Juan de la Peña Salazar 

Natural del lugar de Salazar, merindad de Castilla la Vieja, 
diócesis de Burgos, hijo del licenciado don Juan de ta Peña So- 
lazar, natural i vecino de dicho lugar i de doña Ana de Ángulo, 
natural de la villa de Rambla. 

Estudió en el Colejio del Rei de la Universidad de Alcalá, 
recibiendo en este establecimiento la borla doctoral. Estando en 
la villa de Madrid celebró capitulaciones matrimoniales en 29 de 
octubre de 1661, ante el escribano Pedro de Castro, con doña 
Isabel Feliciana de Alba i Alvarado, natural de la ciudad de 
Jerez de los Caballeros, hija del capitán don Pedro de Alba í 
Alvarado, gobernador del tercio viejo de las milicias de Estre- 
madura, castellano de la fuerza de Tortosa, i de doña Catalina 
Quadrado Fernández. En las capitulaciones matrimoniales se 
estipuló que doña Isabel aportaba en el cuerpo de sus bienes 
dótales la plaza de oidor de la Real Audiencia de Chile de que 
Su Majestad le hizo merced «para la persona que casase con 
ella, en consideración de los servicios del dicho capitán don Fe* 
dro de Alba i Alvarado, su padre». 

Verificado el casamiento en Madrid, Su Majestad despachó 
en cabeza del doctor don Juan de la Peña Salazar el título de 
oidor, de la Audiencia de Chile. Antes de emprender su viaje de 
partida Peña Salazar otorgó recibo de la dote de su mujer, según 



(i) P. Francisco Enrich, Historia de la Compañía dejestis en Chiie, 
U I, páj. 773. 



•1 



OIDORES DB LA BB¿L AUDIENCIA 



33 



escritura de 2$ de agosto de 1662, ante Pedro de Castro, escri- 
bano de Madrid, en cuyo instrumento aparece la plaza de oidor 
avaJuada en dieciseis mil ducados de plata (i). 

En la carta que el oidor Solórzano escribió a Su Majestad con 
fecha 8 de agosto de 1664 consta que don Juan de la Peña Sala- 
zar estaba recien llegado a Santiago de Chüe i principiaba a 
funcionar en su plaza; no obstante, Carvallo Goyeneche 6ja la 
fecha de su juramento en 20 de diciembre de 1669. 

La vida de este oidor ofrece un cuadro curioso de las ajita- 
ciones que, con bastante frecuencia en aquella época» conmovian 
la paz i la tranquilidad de los hogares. 

Peña Sakzar caracteriza este jenio alborotador. 
Tomó parte activa en los disturbios que orijinaron la caida 
del presidente don Francisco de Meneses; se avino mal con el 
presidente don Diego González Montero; i rompió públicamente 
Con el presidente don Juan Henríquez, Con este último gober- 
nante tuvo ruidosos altercados, entre otros motivos, por haber 
movido sus influencias en un capítulo que celebraron los relijio- 
sos de San Agustin para elejir provincial, de que dio cuenta el 
virrei del Perú a Su Majestad diciendo que en dicho capítulo se 
faltó al respeto del culto divino i sucedieron «cosas tan indecen- 
tes que causaba liorror aun ei imajinarlas». El presidente recon- 
vino al oidor i le amenazó con la prisión si no se moderaba en 
sus palabras i acciones. Temeroso don Juan de la Peña se asiló 
en el convento de Santo Domingo en la noche del 27 de julio 
de 1 67 1 i no abandonó su refujio hasta obtener las seguridades 
que pidió i se le concedieron- 
Pero Henríquez no le dejó en la impunidad. 
Por auto de 28 de juUo de 167 1 ordenó levantar una infor* 
macion sumaria, en la cuaJ constan los atropellos que el oidor 
acostumbraba con personas constituidas en dignidad, siendo 
en estremo desfavorables para el oidor las declaraciones de patri* 
cios como don Diego González Montero, presidente que habia 
sido de Chile, quien caliñca el proceder de Peña como «nunca 



(i) Rejistrode escribai^os. Jerénimo de Ufas, protocolos de 1673, a 



i 



54 SILVA I MOLINA 



visto» por sus excesos (i). De las acusaciones de don Juan Hen- 
ríquez i defensa de don Juan de la Peña, elevadas unas i otras al 
Consejo de Indias, se infiere el carácter descompuesto del oidor, 
cuya moralidad atrajo uiía amonestación del obispo de la dióce- 
sis, frai Diego Umansoro; sin que parezca menos grave el de- 
nuncio que de sus turbulencias hizo el cabildo de Santiago en 
carta a Su Majestad de 20 de agosto de 167 1. 

Doña Isabel de Alba, esposa del oidor, falleció en Santiago el 
7 de febrero de 1673 i en el testamento cerrado que otorgó en 
30 de enero del mismo año i que se abrió ante Jerónimo de 
Ugas, instituyó por herederos de sus bienes dótales, ascenden- 
tes a 31,567 pesos de a ocho reales, a su hermana doña María 
Francisca de Alba, residente en Madrid, i a los hijos de don 
Francisco de Alba, su hermano, residente en el Perú (2). 

Funcionaba el doctor Peña en 1681 i gozaba entonces de la 
categoría de oidor mas antiguo. 

Mendiburu menciona como oidor de Lima a donjuán de la 
Peña Salazar (3). 



24. Doctor don José de Metieses 

Caballero de la orden de Santiago. Entró a servir su plaza de 
oidor previo juramento prestado el 8 de febrero de 1670. Sus 
aventuras amorosas obligaron al presidentente don Juan Henrí- 
quez a procesarle varias veces i de estos procesos no salió el 
oidor mui bien parado, toda vez que el Consejo de Indias tuvo 
que tomar cartas en el asunto. Por el año de 1673 el doctor Me- 
neses tenia bastante que hacer en defenderse de las acusaciones 
formuladas en su contra por razón de sus galanterías (4). Esto 




(i) Bibioteca Naciooal. Archivo Vicuña Mackenna, Copias de Indias, 
vol. 302. 

(2) Rejistro de Escribanos. Jerónimo de Ugas, protocolo de 1673, 
fs. 82. 

C3) Diccionario Biográfico del Perú, t. III. 

(4) Biblioteca Nacional. Archivo Vicuña Mackenna^ Copias de India.\, 
vol. 303. 



OIDORES DB LA REAL AUDXENOTA 



D> 



no fué inconveniente para que al año siguiente (1674) juzgara 
con gran severidad al oidor León Escobar en la causa secreta 
que se le siguió por motivos no menos inocentes. 

Casado con doña Gabriela de Barrios i Saavedra, natural de 
la ciudad de Sevilla, hija del capitán Gabriel de Barrios i Saave* 
dra i de doña María de Garro. Estaba viuda doña Gabriela en 
1683. Falleció bajo disposición testamentaria otorgada en San- 
tiago, a 13 de noviembre de 1699, ante Manuel de Cabezón i 
tuvo en su matrimonio por su hija única a: 

Sor Teresa de Jesús, monja carmelita en el monasterio de San 
José de Santiago, en donde profesó después de renunciar a sus 
herencia paterna i materna (i). 



25< Doctor don Manuel de León i Escobar 

Natural de la ciudad de Panamá. Llegó a Chile en 1667 a 
servir el empleo de fiscal de la Audiencia que había desempe- 
ñado el oidor don Manuel Muñoz de Cuéllan A los ocho días de 
su llegada fué invitado por los oidores don Gaspar de Cuba i 
don Juan de la Peña a firmar una carta que los ministros de Ja 
Audiencia escribieron a Su Majestad quejándose de los atrope- 
llos del presidente don Francisco de Meneses. El fiscal se negó 
a firmar esa carta, observando que estando recien llegado no le 
constaban las graves acusaciones hechas al presidente. Esta ac- 
titud acarreó al doctor León el resentimiento de los oidores i 
sus consecuencias no tardaron en hacerse sentir. 

Provisto oidor del mismo tribunal» juró su cargo el 15 de 
noviembre de 1670. 

Antes de mucho don Manuel de León i Escobar tenia ya en- 
cima un proceso criminal que se le fulminó en averiguación de 
sus costumbres, tildadas de escandalosas. El presidente don Juan 
Henríque^, en auto fechado en Santiago, a 14 de octubre de 1673, 
mandó principiar el proceso con asistencia de los alcaldes ordi- 
narios de la ciudad don Antonio Montero del Águila i don Ber- 



(r) Rejistro de Escribanos. Manuel de Cabezón, 1699, fs. 357. 




I 




56 SILVA I MOLINA 



(i) Archivo secreto de la Real Audiencia, número 15, proceso criminal 
hecho de ofício al señor Dr. don Manuel de León. 
(2) Bibl. Nac. Archivo Vicuña Macketma^ Copias de Indias, vol. 303. 



^ 



nardo Cruzat. Se recibieron declaraciones de testigos colocados i! 

en diferentes grados de la escala social, de modo que en pos de 
respetables vecinos de Santiago declararon ^ndios, negros i mu- 
latos, haciendo gala de un lenguaje tan soez que impresiona tris- 
temente el ánimo ver el abatimiento a que habia llegado la ad- 4 
ministracion de justicia con jueces encargados de atender seme- ^ 
jantes desvergüenzas. Mas dignidad demostró el obispo de San- I 
tiago, frai Diego Umanzoro. Habiendo pedido el oidor don 
Juan de la Peña al obispo que reprendiese a León Escobar por i 
fechorías que se le imputaban i se referían en una memoria, 
contestó el prelado «que esas cosas no eran para traellas en los 
labios los sacerdotes i que así escusase de escribirle ni tratarte 
de este particular». rj 

En auto de 16 de setiembre de 1674 el presidente Henríqaez 
mandó prender a León Escobar i embargar sus bienes. El oidor 
fué encerrado en la torre de la Casa de Recojidas, bajo la cus- 
todia de cuatro guardas pagados a costa de su salario. 

Por setiembre de 1675 fué conducido a Valparaiso i embar- 
cado en el navio Sanio TomaSy que debía trasportarlo al Callao, 
donde quedaría a (jisposicion del virrei del Perú, a quien se re- 
mitieron los autos del proceso, quedando en el archivo secreto 
de la Audiencia de Santiago una compulsa refrendada por los 
escribanos Jerónimo de Ugas i Antonio Sánchez (i). »# 

En octubre de 1686 el doctor León Escobar continuaba preso ' 

en el Callao, según consta de una nómina de los ministros que 
componían la Audiencia de Chiie^ presentada al Consejo de In- 
dias en 9 de dicho mes i año (2). 

Otorgó testamento cerrado en Lima, a 12 de marzo de 1688^ 
ante el escribano Lorenzo Contero. Falleció a poco de haber 
otorgado esta su última voluntad, pues se abríó el testamento 
el 21 del mismo mes i se publicó ante el escribano Palacios. En 
este testamento nombró por su albacea i tenedor de bienes al 
contador Juan Reinoso. 





\ 



OIDOBES DE LA REAL AUDIENCIA 57 

En cuanto al proceso que se le había formado, la Real Audien- 
cia de Lima le absolvió de los cargos formulados, le dio por 
libre de la causa, mandó desembargar sus bienes i entregarlos a 
quien fuere parte lejítima; para cuyo cumplimiento despachó 
aquel alto tribunal una real provisión fechada en Lima, a 29 de 
julio de 1688. El contador don Antonio de Pujano i Vidaurre, 
apoderado del contador Juan Reinoso (albacea del oidor) se re- 
cibió de los bienes que el doctor León Escobar habia dejado en 
Santiago retenidos por el auto de embargo i depositados en el 
capitán Francisco de Cigorraga. Todo lo cual consta en escri- 
tura pública otorgada en 16 de diciembre de 1688, ante el es- 
cribano José de Morales (i). 



26. Doctor don Diego Portales 

Era oidor de la Real Audiencia de Buenos Aires cuando Su 
Majestad decretó la estincion de ese tribunal i la traslación de 
sus ministros a otras Audiencias, siendo destinado el doctor 
Portales a la de Santiago de Chile, donde fué recibido el 14 de 
marzo de 1673, fedha de su juramento (2). 

Por decreto de 18 de octubre de ese año fué comisionado por 
el presidente de Chile don Juan Henríquez para continuar la 
causa secreta fulminada contra el oidor don Manuel de León i 
Escobar (3). 

A consecuencia de un proceso que se siguió en Buenos Aires 
con motivo de diferentes arribadas de navios portugueses i ho- 
landeses en tiempo que Portales funcionaba en la Audiencia de 
aquel puerto, el Consejo de Indias condenó al doctor Portales, 
por la culpa que resultó en su contra, a pagar una multa de 



(i) Rejistro de Escríbanos. José de Morales, protocolo de 1688, f o 
jas 390. 

{2) Por error de tipografía se lee en Carvallo i Goyeneche 1678 por 
1673. Las actuaciones del doctor Portales en 1673 no dejan lugar a duda 
sobre la fecha de sn instalación. 

(3) Archivo secreto de la Real Audiencia. 



I 

f 



58 SILVA I MOLINA 




cuatro mil pesos de a ocho reales. Se despachó real cédula, li- 
brada en Madrid, a 14 de octubre de 1679, encargando al pre- 
sidente don Juan Henríquez hacer efectiva la multa sin dilación 
alguna ni admitir escusas del oidor, procediendo contra él, sus 
bienes i hacienda breve i sumariamente i no consintiéndole la 
entrada al tribunal sin satisfacer antes la mu|ta impuesta (i). 

En 1683 se hallaba provisto para la Audiencia de Charcas i 
su residencia cometida al oidor donjuán de la Cueva i Lugo (2). 



27. Licenciado don Juan de la Cueva i Lugo 

Natural de Lima (3). Juró su cargo de oidor en 16 de mayo • , 

de 1682. Fué nombrado juez para tomar residencia al oidor don -^ 

Diego Portales, por cuyo motivo se murmuró en Santiago del 
predominio que principió a adquirir en el tribunal, pues el nuevo 
ministro con que se integró la Audiencia en 1683, don Sancho ^ ^' 

García de Salazar, sucumbió ante la influencia del licenciado * 

Cueva, dejándose arrastrar ordinariamente «unas veces de in- 
dustria i otras de temor. » Estas circunstancias, unidas a ciertos 
denuncios sobre la moralidad del licenciado i abusos del poder 
judicial, indujeron al obispo de Santiago, frai Bernardo Carrasco } 

de Saavedra, a levantar un proceso informativo sobre los proce- • 

dimientos i mal vivir del oidor, que principió con auto de 2 de 
junio de 1683 i terminó en los estrados del presidente don José 
de Garro con auto de 30 de julio de 1684, en que se elevó la 
causa al Consejo de Indias, remitiéndose el proceso en com- i 

pulsa (4). 

Con los autos marchó una carta del obispo Carrasco a Su 
Majestad, de fecha 30 de agosto, achacando al licenciado Cueva 
la intención de hacerse absoluto en la Audiencia. Acojió i aun 



(i) Capitanía Jeneral, Cedulario, vol. 716, DÚm. 128. 

(2) Bibl. Nac. Archivo Vicuña Mackenna^ Copias de Iftdias, vol. 303, 

(3) Mendiburü, Diccionario Histórico- Biográfico del Perú^ t. IV, 
páj. 41 1. 

(4) B. N, Archivo Vicuña Mackenna^ vol. 303. 



OIDORES DB L4 REAL ÁÜDIEKCIA 



i» 



amplió estas acusaciones el duque de la Palata, virrei del Perú^ 
quien en carta al Rei de 26 de mayo de 16S5 pidió la separación 
del licenciado, «porque no teniendo ningunas letras ni juicio» 
era arrojado i vano*. En apoyo de sus palabras citaba el virrei 
el caso que sucedió en la catedral de Santiago en ocasión que, 
pasando el obispo del coro al altar mayor, se volvió para hacer 
una cortesía a la Real Audiencia i, reparando que el oidor don 
Sancho García de Salazar se levantaba para contestar urbana- 
mente la cortesía mientras que el oidor don Juan de la Cueva se 
quedaba muí arrellanado en su sillón, observó el obispo a Cueva 
que debía hacer mas estimación de su dignidad ya que nada le 
merecía su persona; a lo que contestó el oidor, mas i mas re- 
pantigado: 

—Padre; el Rei no se levanta a sus vasallos. 

El obispo se quejó al presidente don José de Garro i éste re- 
prendió a! oidor por tan descomedidas palabras, significándole, 
al mismo tiempo, que la representación del soberano no cabia 
dentro de las estrechas facultades de un ministro subalterno (i). 

Cueva empezó a sentir mui luego las consecuencias de su 
conducta irreflexiva. El 38 de octubre de 1685 tuvo que salir de 
Santiago en cumplimiento de un decreto del presidente Garro 
que ordenaba su destierro a la isla de Maule, De allí fué trasla- 
dado al valle de Malloa, donde permaneció hasta que fué lla- 
mado a comparecer en su Audiencia, a los catorce meses de su 
partida- Los autos del obispo Carrasco ee habían reproducido 
ante el real acuerdo i el presidente de Chile había sido comisio- 
nado por real cédula para conocer en el asunto {2). 

Oyó et tribunal la defensa del oidor i ella fué bastante vehe- 
mente para comprometer la imparcialidad del obispo Carrasco. 
Declaraciones de respetables vecinos i altos funcionarios espli- 
can el orí jen de la enemistad del obispo con el oidor, sin justtft- 
car, por cierto, las maquinaciones del prelado para obtener del 
ministro complacencias indebidas; las amenazas que profirió irri- 



(i> B. N, Archivo Vicuña Mackeuna, Copias de ItidiaSf vol 305, carta 
del duque de la Pakta . 
(2) Ñeai Atidiencia, vols. Í343, 1230 i 1088, 



t 



6o SILVA I MOLINA 



tado i había de llevar a cabo desgraciadamente; la aspereza con 
que rechazó la reconciliación solicitada por el oidor con mucho 
rendimiento i, por último, el afán de hacerse tributar honores 
que no correspondían a su calidad (i). 

Pero, mientras tanto, las quejas del obispo i del virrei habían 
tenido eco en la corte i Su Majestad, impresionado por los he- 
chos palpitantes que se referían en el proceso, mandó prender 
al licenciado Cueva por real cédula de 1 1 de noviembre de 1686, 
En cumplimiento de estas órdenes el presidente Garro le redujo 
a prisión i remitió al presidio de Valdivia en el navio que llevó 
los bastimentos del año a aquella plaza. 

La suspensión de sus funciones duró hasta marzo de 1711, 
alcanzando a ser repuesto en sü categoría de oidor mas antiguo, 
si bien gozó apenas siete meses i días, pues le acometió la 
muerte el 26 de octubre de dicho afto. 

Dejó a su famiUa en tal grado de miseria, que su viuda, doña 
Ana Josefa de la Cueva, se vio obligada a solicitar de la Real 
Junta de Hacienda un auxilio de mil pesos para costear su en- 
tierro. La Junta, presidida por don Juan Andrés de Ustáriz, ca- 
pitán jeneral del reino, le concedió la suma pedida a cuenta de 
un medio sueldo que el oidor tenia embargado en cajas reales, 
previa fíanza, por sí acaso el gobierno superior no aprobaba lo 
hecho. Muí oportuna fué esta precaución porque, efectivamente, 
se desaprobó el pagó i por real cédula dada en el Buen Retiro, 
a 28 de diciembre de 17 15, se ordenó el reintegro de la suma. 
Hubo la consabida tramitación judicial que terminó con un de- 
creto de fecha I2 de noviembre de 17 17, en que se mandó ha- 
cer efectiva la ñanza otorgada por don Antonio de Irarrázaval 
Bravo de Sara vía, marques de la Pica (2). 

Fué casado el oidor con su sobrina doña Ana Josefa de la 
Cueva i Torres, natural de Lima, hija del capitán don Agustín 



(i) Jíeal Audiencia, vol. 1343, declaración del alguacil mayor de corte 
don Miguel Gómez de Silva i Verdugo. Este testigo desmiente las pala- 
bras atribuidas al oidor: «Andad, padre obispo, que el Rei no se levanta 
a sus vasallos.» 

(2) Real Audiencia y vol. 497. 



^ 



OIDORSS DE hh RBAh AUBIEK0I4 



bl 



de la Cueva i Lugo i de doña María de Torres i la Roca, dán- 
dose por recibido de la dote en escritura pública de 6 de febrero 
de 1684, otorgada ante Gaspar Valdes, escribano de Santiago (i). 



28. Doctor don Sancho García de Salazar 



Se hallaba en Madrid al tiempo de ocurrir e! fallecimiento de 
su madre, doña Ana María Mexia, que sucedió después de haber 
oíorgado su testamento en 2j de julio de 1667, ante Juan de 
Celis Calahorra, escribano de aquella real villa. 

En I.** de febrero de i66g celebró capitulaciones matrimonia- 
les en la misma villa de Madrid, ante el escribano Melchor Feli- 
pe de Baena Parada, con doña Josefa de los Rios, natural de 
Madrid, hija de don Francisco Ter de los Rios Vozmediano i 
Arteaga, caballero de la orden de Santiago, caballerizo de la 
reina de España, i de doña Josefa de los Rios i Peña. La dote 
de doña Josefa con las arras que !e prometió don Sancho sumó 
nueve mil ducados de vellón (2}. 

Nombrado oidor de la Audiencia de Chile prestó juramento 
para ocupar su plaza el 37 de febrero de 1685, desde el cual dia 
principian sus actuaciones, no obstante señalar Carvallo Goye- 
neche la fecha de su juramento en 16S4. 

Se imputó a don Sancho García de Salazarque se habia dejado 
supeditar en el tribunal por el oidor don Juan de la Cueva i 
Lugo i en el proceso informativo que se siguió a este sobre su 
modo de proceder declaran los testigos con cierta ambigüedad 
respecto de Salazar, dejando en transparencia la timidez del 
oidor i debilidad con que consintió el dominio de don Juan de la 
Cueva. La jusdcia de la corona cayó inexorable sobre uno i 
otro i la real cédula de 11 de noviembre de 16S6 suspendió a 
Salazar en sus funciones. 

Obligado a salir de Santiago se refujió en el convento de San 



(i) Rejístro de Escribanos, Gaspar Valdes, protocolo de 1684, 

(3) Declaraciones del oidor en el testamento nu ocupa ti vo de su ea- 



r 



62 SILVA I MOLINA 



Francisco del Monte, en el valle de Melipilla, donde falleció el 
28 de octubre de r688, cuando el presidente don José de Garro 
llegaba de Concepción a sustanciar el proceso en que el oidor 
se vio complicado tan desgraciadamente. Su cadáver fué trasla- 
dado a Santiago i sepultado en la iglesia de Santo Domingo, 
asistiendo a sus funerales todas las autoridades civiles, incluso 
el presidente Garro (i). 

Doña Josefa de los Rios, había fallecido en Santiago a poco 
de su llegada el 25 de octubre de 1683, alcanzando a conferir a 
su esposo un poder para testar por nuncupacion que autorizó el 
juez eclesiástico don Cristóbal Sánchez de Abarca previa infor- 
mación de testigos. El testamento se otorgó en 12 de noviem- 
bre ante el escribano Matías de Ugas (2 >, 

Hijos de don Sancho de Salazar i de doña Josefa de los Rios 
fueron los seis siguientes: 

1. Don Bartolomé, 

2. Don José, 

3. Don Antonio, 

4. Doña Leonor Teresa, 

5. Doña María Rosa, i 

6. Doña Josefa Ana de Salazar i los Rios. 

29. Licenciado don Bernardo de Laya i Bolívar 

Prestó el juramento de estilo para entrar al ejercicio de su 
plaza de oidor el 28 de marzo 'de 1686, en circunstancias que 
componían la Audiencia don Juan de la Cueva i Lugo i don 
Sancho García de Salazar. Dos años después funcionaba solo, 
pues don Juan de la Cueva habia sido desterrado a Valdivia i 
don Sancho de Salazar era muerto. 

Administró justicia en esta forma, auxiliado solamente del fis- 
cal don Pedro Vázquez de Velasco, hasta 1691 en que fué pro- 



(i) Biblioteca Nacional. Archivo Vicuña Mackennay CofncLS de Indias y 
V0L303. 

(2) Rejistro de Escribanos. Matias de Ugas, protocolo de i68a-l684, 
fs, 601. 



OIIK)KfiS DE LA REAL AUDIENCIA 



63 



movido a la Real Audiencia de Lima. Estaba ya de partida para 
el Perú, cuando tuvo que demorar su viaje a infiuenda de pode- 
rosos motivos de proveclio para el sencido administrativo. Los 
nuevos oidores nombrados para Chile, don Diego de Zúñiga i 
Tobar, don Alvaro Bernardo de Quiros i don José Blanco Re< 
jon, pidieron al licenciado Laya i Bolívar que se detuviese algun 
tiempo para instruir a los nuevos ministros en el estilo i prác- 
tica del tribunal, ofreciéndole ei mismo sueldo que habria gomado 
si se hubiera embarcado para Lima. Consintió el licenciado La- 
ya i se detuvo en Santiago el tiempo necesario (i). Se dio cuen- 
ta a Su Majestad de las circunstancias que habian orijinado 
este desacostumbrado procedimiento i se pidió la confirmación 
de lo actuado, obteniéndose en real cédula dada en Madrid a 17 
de agosto de 1700, la aprobación completa de todas las resolu- 
ciones tomadas al efecto. 

Mendiburu en la lista que exhibe de los oidores de Lima rejis- 
tra a don Bernardo de Laya i Bolívar (2). 



30. Licenciado don Diego de Züñiga i Tobar 



Caballero de la orden de Santiago. El 4 de ^enero de 1692 
juró su plaza de oidor de la Audiencia de Chile, para que fué 
nombrado con don Alvaro Bernardo de Quiros i don José Blanco 
Rejón juntamente con el oidor decano don Lucas Francisco de 
Bilbao la Vieja. Cuando llegó a Santiago encontró al tribunal 
acéfalo, pues el último de sus ministros en ejercicio, don Ber- 
nardo de Laya i Bolívar, estaba promovido a la audiencia de 
Lima í se habia despedido ya para emprender su viaje. Com- 
prendiendo el licenciado Zúñiga las dificultades que podrían 
sobrevenir si se hacia cargo de sus funciones sin conocer las 
prácticas acostumbradas en la sala, solicitó i obtuvo que el li- 
cenciado Laya demorase algun tiempo su partida en tanto le 
instruia en el estilo ordinario del despacho. 



(i) Real Attdíencia, voL Í348. 

(2) Mendiburu t Dicciofmrio Biográfico del Perü^ t. IIL 



64 SILVA I MOLIKA 



I 



Por real cédula librada en Madrid, a 26 de abril de 1703, don 
Diego de Zúñiga fué nombrado correjidor i justicia mayor de 
Concepción; se recibió ante el cabildo de esta ciudad el i .«> de 
junio de 1704, entrando a suceder al maestre de campo don 
Juan de Espinosa; desempeñó este empleo hasta el 13 de abril 
de 1707 en que le reemplazó el oidor don Alvaro Bernardo de 
Quirós (i). 

En 1708 ñgura invistiendo la categoría de oidor decano que 
le correspondió por ascenso del licenciado Bilbao la Vieja. 

Por último pasó al Real i Supremo Consejo de las Indias que 
Su Majestad presidia personalmente en Madrid. 

Su residencia la encomendó el Rei al licenciado don Juan del 
Corral Calvo de la Torre, oidor reformado de la Audiencia de 
Santiago, por real cédula fechada en Orella, a 10 de agosto de 
171 1 que tuvo obedecimiento en Chile el 28 de noviembre de 
1 71 3. No pudiendo el licenciado Corral trasladarse a Concepción 
a dirijir personalmente las actuaciones, dio comisión para este 
efecto a don Juan Antonio de Espineda i Millan, correjidor i 
justicia mayor de aquella ciudad, por auto de 4 de diciembre. 

La sentencia la pronunció Corral en Santiago, el 6 de febre - 
ro de 1 7 14, en ella declaró a don Diego de Zúñiga i Tobar por 
«bueno, limpio i recto juez» digno i merecedor de ser honrado 
con mayores plazas i puestos de los que habia ejercido, en los 
que continuaría csus buenos i ajustados procedimientos» como 
lo prometía el celo que mostró en Chile por la administración 
de justicia i cumplimiento de las leyes» sin consentir que los 
prelados eclesiásticos, así seculares como regulares, quebranten 
los fueros de la jurisdicción, patronato i regalías reales» no ha- 
biendo tenido falta ni omisión en cosa de ello ni pegádose a la 
ambición, antes «corrió con limpieza i desinterés con los litigan- 
tes en las causas i negocios que determinó» habiendo sido gran 
limosnero i hecho en Santiago cosas dignas de todo aprecio (2). 



(i) Actas del cabildo de Concepción, según un certificado qae corre 
en la residencia de Zúñiga, archivo de la Real Audiencia de Santiago^ 
volumen sin catalogar que corresponde al tomo III, a ís. 279. 

(1) Archivo de la Real Audiencia^ residencia de don Diego de Zúñiga 
1 Tobar, espediente no catalogado aún. 



' 



OIDORES DE LA EBAL AUDIENCIA 



6S 



31. Licenciado don Alvaro Bernardo de Quiros 

Natural de OlloniegOj obispo de Oviedo, España» hijo de don 
Felipe Bernardo de Quiros, señor de la casa de Quiros, caba- 
llero de la orden de Santiago, rejidor perpetuo de la ciudad de 
Oviedo, alférez mayor del consejo i rejimiento de Lena^ i de 
doña Catalina Bernardo de Miranda, señora de la casa de Olio- 
niego. 

Entre las mas antiguas estirpes asturianas se cuenta la de 
Quiros, de la cual se lia dicho: «Después de Dios lá casa de 
Quiros». El patronímico Bernardo lo usa esta familia por creerse 
descendiente» según arraigada tradición, del romancesco adalid 
Bernardo del Carpió^ hijo de Sancho Diaz, conde de Saldaña, 
señor del castillo del Carpió, i de la infanta doña Jímena, 
hermana del rei don Alfonso II el Casto. 

Un caballero de este linaje se encontró en ia toma de Baexa, 
año de 1227 i la Historia de España no ha cesado aun de rejis* 
trar personajes que ilustran tan celebrado nombre. Los del ape- 
llido de Quiros, dice Argote de Molina: «son sus armas en campo 
de plata dos llaves azules puestas en aspa ¡ cuatro lirios azules 
i cuatro rosas rojas i por orla ocho aspas de oro en campo rojo. 
Estas usan los que se hallaron en la conquista de Baeza, Otros 
traen las dos llaves enhiestas i un lirio encima 1 dos en lo baja 
i seis rosas i un cordón de San Francisco por orla del 
escudo» (i). 

Remitiéndome a una carta ejecutoría de hidalguía librada por 
la real cancilíería de Valladolid en 26 de marzo de 1562, a pedi- 
mento de don Francisco Bernardo de Quiros, la filiación no 
interrumpida se constituye de la siguiente manera: 

L Don Gonzalo Bernardo i su mujer doña Emilia González de 
Ron» señora de las casas de Ibias, Cubillo i Luciana» tuvieron 
por su hijo a; 

IL Don Gutierre Bernardo de Quiros, casado con doña Guio- 



(t) Aegote dbt Molfna, Nobleza de Andaiucia^ /olio 66. 



f 



66 SELVA I MOLINA 



mar de Prado, hija de don. Rodrigo de Prado, señor de Albirel, 
i de doña Catalina de Quiñones; tuvieron por su hijo a: 

III. Don Francisco Bernardo de Quiros, casado con doña 
María de Estrada i Miranda, hija de Alvar Diaz de Miranda, 
señor de la Torre de Pola de Lena, i de doña María de Estrada; 
tuvieron por su hijo a: 

IV. Don Sebastian Bernardo de Quiros el Viejo, casado con 
doña Catalina de Miranda, hija de Sancho de Miranda, señor de 
esta casa, i de doña Leonor de las Alas; tuvieron por su hijo a: 

V. Don Alvaro Bernardo de Quiros, casado con doña Anto- 
nia Lavahdera, de la casa de Salamillas en León; tuvieron por 
su hijo a: 

VI. Don Francisco Bernardo de Quiros, casado con doña 
Jerónima Bernardo de Bena vides, señora de la Torre de Molina 
Seca del Vierzo; tuvieron por su hijo a: 

VII. Don Alvaro Bernardo de Quiros, casado con doña María 
de Valdes i Valdivia, hija de don Juan Meléndez de Valdes, 
caballero de la orden de Calatrava, i de doña María de Erazo i 
Valdivia; padres de: 

VIII. Don Felipe Bernardo de Quiros, caballero de la orden 
de Santiago, a quien se deja mencionado anteriormente con 
especificación de sus oñcios i honores. Este caballero es autor 
de un Discurso laudatorio al papel jenealójico de la nobilísima 
casa de Olloniego (i), impreso con posterioridad al fallecimiento 
de doña Catalina Bernardo de Miranda, su esposa, acaecido el 
25 de abril de 1686. Hijo segundo de este matrimonio fué: 

IX. El licenciado don Alvaro Bernardo de Quiros, que dos 
ocupa la atención. 

Hizo sus estudios en el colejio mayor de la Universidad de 
Alcalá. 

Provisto por oidor de la Real Audiencia de Chile se embarcó 
en el puerto de Cádiz el 14 de marzo de 1690, corriéndole desde 
esta fecha su sueldo de oidor^ a razón en cada año de tres mil 
pesos ensayados que reducidos a pesos corrientes de a ocho 
reales hacian cuatro mil novecientos sesenta i tres pesos i un real. 




(i) Existe un ejemplar en la Biblioteca de don Marco Aurelio Cabero. 



í 




I 



OIDOBSS DE LA REAL AUDISHCIA 



67 



En real cédula dada en Madrid, a 22 de abril de 1692, se mandó 
pagar al oidor los sueldos devengados durante todo el tiempo 
que tardó en el viaje hasta recibirse de su plaza, (i) 

Juró su alto cargo el 14 de marzo de 1692 entrando inconti- 
nenti al ejercicio de sus funciones- 

En 1707 sucedió al oidor don Diego de Zúñiga i Tobar en el 
correjimiento de Concepción. Por marzo de 17 13 pasó a servir 
la plaza de alcalde del crimen de la Audiencia de Lima. 

Atendiendo Su Majestad a sus méritos i servicios, celo, honor 
i desinterés con que habia desempeñado las comisiones que se 
le habían confiado, le nombró juez de residencia para tomarla 
al conde de la Monclova, virrei del Perú, fallecido en ejercicio 
de sus funciones. 

Terminada esta dilijencia jubiló en su plaza con goce de 
renta íntegra, como consta de la real cédula librada en San 
Lorenzo, a 28 de setiembre de 1718. A poco tiempo le confirió 
Su Majestad plaza de oidor en la misma Audiencia de Lima, en 
cuyo empleo falleció después de haber otorgado su testamento 
en 9 de octubre de 1734^ ante Pedro de Espino Al varado, escri- 
bano público de Lima (2). 

Estando en Madrid contrajo matrimonio con doña Josefa 
Arias Ferrer de Saavedra, teniendo por sus hijos a: 

I. Doña Josefa Bernardo de Quiros, nacida en Madrid, casada 
primera vez con don José Remírez de Baquedano, comisario 
jeneral de la caballería en Chile, muerto bajo poder para testar 
otorgado en Santiago, a 7 de marzo de 1705, ante el escribano 
Domingo de Oteiza (3). Casada segunda vez con don Francisco 
Muñoz de Torres, natural de Guadalajara, avecindado en Chile 
de cuyo ejército fué también comisario jenerah Hijo único de 
este segundo matrimonio fué don José Muñoz Bernardo de Qui- 
tos, nacido en Concepción el 16 de marzo de 1708, primer mar- 
ques de Bellavista por real título dado en San Ildefonso, a 2 



(1) Archivo de la Real Audiencia^ voL 497- 

(2) Documento de familia de don Marco Aurelio Cabero, quinto nieto 
d«l Oidor. 

(5) Rejistro de Escribanos. Oteiza^ protocolo 1704-1705 > fs. 89 í 189. 



< 




SILVA I MOLINA 



de agosto de 1744. Proceden de este tronco los demás marque- 
ses de Bellavista hasta don Marco Aurelio Cabero i Bernardo de 
Quiros, actual sucesor directo de esta casa, en cuyo excelente 
archivo de íscinilia se conserva gran parte de la documentación 
citada. 

2. Don Manuel Bernardo de Quiros, a quien su padre apartó 
de la herencia i sucesión de sus bienes cpor haberse casado con 
jente viU. 

3. Doña Teresa, muerta en la infancia. 

Segundas nupcias contrajo el oidpr con doña Cayetana de las 
Infantas i Villegas, natural del Cuzco; sin posteridad. 



32. Doctor don José Blanco Rejón 



Natural de Lima, hijo» del capitán don José Blanco Rejón i de 
doña Sebastiana Ramos Galban (i). Su familia usó durante 
varias jeneraciones ambos apellidos unidos en alianza. 

Juró su cargo de oidor el 14 de marzo de 1692. 

Depues recibió las órdenes del presbiterado i en atención a 
su investidura eclesiástica Su Majestad le absolvió de conocer 
en asuntos criminales. Fué presentado a la dignidad de arce- 
diano de la catedral de la Plata, provincia de Charcas. Según 
una escritura pública otorgada en Santiago, a 7 de enero de 
1708, el oidor estaba ya presentado para aquel arcedianato (2). 
En II de mayo del mismo año se hallaba de partida paya el 
lugar de su nuevo destino confiando la representación de^ sus 
intereses en Santiago al capitán León Gómez de Oliva, don 
Juan Fernández de Celis i don Santiago de Larrain (3). j 



(i) Constan los nombres de los padres del oidor en un poder p^ara 
vender un esclavo que otorgó a favor de doña Sebastiana Ramos <j|ral- 
ban en Santiago, a 15 de abril de 1700, ante el escribano Jeróniqao 
Apello i Novoa, a fojas 550 del protocolo de dicho año. 

(2) Rejistro de Escribanos. Domingo de Oteiza, protocolo de 1708. 

(3) Rejistro de Escribanos. Domingo de Oteiza, protocolo de 1708. 




\ 



OIDORES DE LA REAL AUDIENCIA 69 



33. Licenciado don Lúeas Francisco de Bilbao 
la Vieja 

Nombrado oidor decano de la Audiencia de Santiago de Chile 
que integraban don Diego de Züñiga i Tobar, don Alvaro Ber- 
nardo de Quiros i don José Blanco Rejón, se recibió de su plaza 
el 16 de abril de 1693. 

En 1706 fué promovido al empleo de fiscal de la Audiencia 
de Lima, Se hallaba de partida para el lugar de su nuevo des- 
tino en 6 de abril de ese año, fecha en la cual confirió poder 
jeneral en Santiago al capitán don Miguel de las Rios i Cosió i 
al maestre de campo don Juan Víctor de Bilbao la Vieja, ante 
el escribano Gaspar Valdes (i). Los mismos apoderados afian- 
zaron al oidor «para lo que se juzgare en su residencia». 

Por junio de 1707 gozaba plaza de oidor de dicha Audiencia 
pretorial (2). 



34. Licenciado don Juan del Corral Calvo de la Torre 

Natural de la ciudad de la Plata, provincia de Charcas, hijo 
del doctor don José del Corral Calvo de la Banda, oidor de la 
Real Audiencia de Lima, i de dofta Francisca Antonia de la 
Torre i Zegarra. 

Obtuvo beca en el Colejio Real i Mayor de San Felipe i San 
Marcos de la ciudad de Lima, por merced que le hizo el duque 
de la Palata, virrei del Perú, en 7 de julio de 1685. Se graduó de 
bachiller en sagrados cánones en iS de noviembre de 1686, 
recibiéndose de abogado en la Real Adiencia de Lima el 10 de 
abril de 1690. Pasó a completar sus estudios a la célebre Uni- 
versidad de Salamanca, donde desempeñó las cátedras de Insti- 
tutas i Código después de haber probado trece años de estudios 



{i) Rejístro de Escribanos. Gaspar Valdes, protocolo 1705-1708, fs. 
115, 116, 

(2) Mendibüru, Diccionario Biügráfico de¿ Perú^ t. VI, páj, 263. 



I 



V 



70 SILVA I MOLINA 




(i) Real Audiencia y vol. 1348. 

(2) Real Audiencia^ voL 432. 

(3) Real Audiencia, vol. 1348. 



1 



mayores, graduándose de bachiller en leyes i ratificando su 
bachillerato en cánones de la ciudad de Lima (l). í'or este 
tiempo, afto de 1693, se le encuentra haciéndose inscribir entre 
los hermanos de la Santa Escuela del oratorio de San Felipe 
Neri, que tenían su cofradía en Salanfianca; al año siguiente se 
hizo inscribir en Madrid. 

Nombrado oidor futurario de la Real Audiencia de Santiago 
de Chile, se presentó a este tribunal el 3 de mayo de 1697; pero 
no habiendo traido consigo su título orijinal no fué recibido al 
ejercicio de su plaza hasta el 21 de agosto de 1698, en que llenó 
este requisito i se le tomó el juramento de costumbre. 

El presidente don Tomas Marin de Poveda, por despacho \ 

de 20 de junio de 1697, le nombró protector jeneral de indíje- 
nas. Desempeñó este empleo hasta el 12 de enero de 1707, en 
que se le declaró cesante por defecto de confirmación real, que 
debió haber obtenido dentro del término de seis años. Aunque 1 

el licenciado Corral alegó en favor de su derecho con todas las l 

razones de su táctica el auto de vacante fué confirmado por la i 

Audiencia i se proveyó dicho oficio en el licenciado don Fran- 
cisco Ruiz de Berecedo, a quien se tomó juramento el 24 del v 
mismo mes i año (2). En el despacho de la protecturfa jeneral !* 
de indíjenas mereció por su celo i buena administración que Su J 
Majestad le espidiera real cédula de gracias (3), fecha en Madrid 4 
a 16 de noviembre de 1703. q 

Su plaza de oidor fué reformada a fines de octubre de 1 702 
en virtud de la reforma jeneral que se mandó implantar en toda 
la monarquía española el año anterior. W 

Asistió al obispo de Santiago don Francisco de la Puebla 
González con el empleo de asesor jeneral del obispado desde 
el 2 de mayo de 1703 hasta el 21 de enero de 1704, en que 
falleció el obispo. El 8 de febrero del mismo año le renovó sus 
poderes don Pedro Pizarro Cajal, deán de la Iglesia Catedrah 
provisor i vicario jeneral del Obispado en sede vacante, durando 



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OrDDBEB BE J.K REAL ADUIENCTA ?! 

en sus funciones hasta el 1 5 de febrero de 1 708 en que el licen 
ciado Corral renunció el oficio* 

Por despacho de 30 de julio de 1707 el licenciado don Juan 
de Peñalosa, oidor mas antiguo de la Audiencia de Lima, nom- 
bró al licenciado Corral juez de lanzas de los títulos de Castilla 
radicados en Chile i en esta comisión entendió contra los títulos 
de marques de la Pica^ marques de Corpa i de Piedra Blanca de 
Huana sobre las cobranzas de aquel real derecho 

El i.^ de junio de 1708 se incorporó a la Audiencia llamada 
por Su Majestad a servir la plaza de don Juan Próspero de Solis 
VangOj caballero de la orden de Calatrava, durante la menor 
edad de este joven majistrado (i). 

Sirvió el cargo de correjidor de Concepción desde el 27 de 
octubre de 171 1 hasta el 16 de enero de 171 3^ en cuyo tiempo, 
dice la relación de sus méritos «ejecutó en dicha ciudad cosas 
mu i memorables del real servicio de Su Majestad i bien de aque- 
lla república». 

Al cumplir su mayor edad don Juan Próspero de Solis Vango 
i asumir la jurisdicción de su plaza, por junio de 1714, el licen- 
ciado Corral debió abandonar los estrados de la Audiencia en 
observancia de las mismas condiciones en que fué llamado; pero 
no sucedió así, porque deseando Su Majestad premiar al licen- 
ciado por el particular desvelo i cuidado con que se habia dedi- 
cado a poner corriente la caja de censos de indios, mientras tuvo 
a su cargo la protectoría jeneral, resolvió concederle sueldo i 
ejercicio de oidor supernumerario i en esta forma le espidió 
nombramiento» fecho en Madrid, a 8 de setiembre de 17 10, 

Por especial comisión del Rei tomó residencia al licenciado 
don Diego de Zúñiga i Tobar del tiempo que sirvióen Chile los 
empleos de oidor de la Audiencia i correjidor de Concepción (2)* 
Se ocupaba en estas dilijencias en 1714, 

Don Juan del Corral Calvo de la Torre falleció en Santiago 
el 10 de diciembre de 1737, bajo disposición testamentaria otor- 
gada en I S de octubre del año anterior ante José Álvarez de 



(i) /?^a¿ Audiencia^ voL 1348, folios 17 I 53, 
(a) Rtui Audiencm^ vüL 538, 



r 



72 SILVA I MOLINA 



Henestrosa {i). Al abrirse su sucesión se vio que no dejaba bie- 
nes de fortuna í sí muchas deudas, teniendo que haceríie cargo 
la Audiencia de los gastos del funeral, para lo que señaló seis- 
cientos pesos* Se hicieron los gastos del entierro con la mayor 
moderación i, segim cuentas i recibos, no alcanzaron a esa 
suma (2). El maestre de campo don Francisco del Corral Calvo 
de la Torre, que tuvo intervención en el remate de los muebles, 
plata labrada, libros i esclavos, como albacea testamentario del 
oidor, su hermano, se titulaba tenedor de bienes isolo en el 
nombre». 

Fué casado el oidor con doña Manuela González de León i 
Rojas, muerta en vida de su esposo, i no tuvo posteridad. 



\ 



NÓMINA 

I DE LOS OIDORES DE SANTIAGO QUE FUNCIONARON DURANTE 

I EL SIGLO XVn 

• ** 1. Doctor Luis Merlo de la Fuente, — Natural de Valdepeñas^ 

España, Fundó la Real Audiencia de Santiago i la inauguró el 
r 8 de setiembre de 1609. Se recibió de gobernador i capitán 

, jeneral de Chile el 16 de agosto de 1610. Regresó al Perú en 

1612. Vivia en 1636» \ 

' 2. Licenciadú Hernando Talaverofio Gallegos. — Se recibió de 

* teniente jeneral de Chile el 8 de enero de 1604. Inauguró la Real 
' Audiencia eJ 8 de setiembre de 1609. Se recibió de goberm- 

Idor i capitán jeneral de Chile el 16 de marzo de 161 7, Funci?- 
naba en febrero de 1Ó19. ^ ^ 

3. Licenciadú Juan CajaL — Natural de Valladolid, España!, 
Inauguró la Real Audiencia el 8 de setiembre de 1609; fallccid 
en enero de 1619, 



(1) Rejp de Escrib. Henestrosa, 1736, fojas 669. 

(2) Real Audiencia^ toI. 335. 



0ID0KE9 DE LA EEÁL ArDlBKOlA 



73 



4. Dú€túr Gabriel de Zelada, — Inauguró la Real Audiencia el 
8 de setiembre de 1609; falleció en agosto de 1Ó14. 

S- Licenciado Pedro Alvar ez de Súlérzanc. — Juró el 1 .^ de julio 
de 161 3; funcionaba en 161 9. 

6, Doctor dan Cristóbal di la Cerda Sotomayor. — ^ Natural de 
Méjico, Se le recibió juramento el 27 de marzo de 1619, Se 
reoibió de gobernador i capitán jeneral de Chile el 1 3 de diciem- 
bre de 1620. Funcionaba en 1636. 

7, Licenciadú Hernando Machado. — Natural de Zafra, Est re- 
madura, España. Juró su cargo de oidor el 20 de noviembre de 
1620; falleció el 4 de julio de 1630. 

8, Doctor Gaspar de Naruáes i ValdeloTMar. — Nd.tutBl de 
Jaén, Andalucía, España. Juró el 19 de enero de 1622; falleció 
el 13 de julio de 1632. 

9, Licendaáo don Rodrigo de Carvajal i Mendosa, — Natural 
de Ubeda, Andalucía, España. Juró el 3 de abril de 1623; falle- 
ció después del 27 de diciembre de 163 1 i ántesde! 2y de enero 
de 1632. 

10, Doctor y acode de Adaro i Samar ím. — Juró su cargo de 
oidor el 29 de marzo de 1632; funcionaba en 1636; pasó de 
oidor a la Audiencia de Lima. 

11, Doctor don Pedro Gon^áles de Güenies, — ^Juró su cargo de 
oidor el 16 de mayo de 1635; en 1649 pasó de oidor a la Au- 
diencía de Nueva Granada. 

12, Doctor don Pedro Machado de C7í¿í/jfj.— Natural de Quilo, 
Juró el cargo de oidor el 16 de diciembre de 1635; falleció el 

14 de abril de 1657. 

13, Doctor do?t Pedro Gutierre^ de Lugo. — Juró el 10 de abril 
de 1636; funcionaba en 1642. 

14, Licenciado don Bernardino de Figueroa i de la Cerda. — 
Natural de Carmona, Andalucía, España, Juró el 5 de junio de 
1640; pasó a la Audiencia de Lima. 

15, Doctor don Nicolás Polanco de Santillana. — Caballero 
de la orden de Santiago. Juró el 10 de mayo de 1644; pasó a la 
Audiencia de Lima en 1660, 

16, Licenciado don Antonio Fernández de Heredia.^mo el 
12 de marzo de 1646; funcionaba en 1652. 

6 



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74 SILVA I MOLINA 




1 



17. Licenciado don Gaspar de Escalona i Agüero, — Natural de 
la provincia de Charcas. Juró el 9 de mayo de 1649; falleció en 
1650. 

18. Licenciado don Pedro de Azaña Solis i Palacio. — Natural 
de Torrijos, reino de Toledo, España. Juró el i.o de febrero de 
1655; falleció el 24 de setiembre de 1661. 

19. Doctor don Juan de Huerta Gutiérrez, — Natural de Lima, 
Juró el 9 de marzo de 1655; funcionaba en 1662; regresó al Perú. 

20. Doctor don Alonso de Solórzáno i Velasco. — Natural de 
Lima, juró el 7 de enero de 1659; pasó a fundar la Audiencia 
de Buenos Aires en 1664. 

ai. Doctor don Graspar de Cuba i Arce. — Juró el 10 mayo de 
1662; funcionaba en 1672; pasó a la Audiencia de Lima con j 

plaza de oidor. 

22. Doctor don Manuel Muñoz de Cuéllar- — Natural de Peña- 
randa de Bracamonte, Castilla la Vieja, España. Juró el 25 de #. 
noviembre de 1662; falleció el 30 de enero de 1667. 

23. Ductor don Juan de la Peña Salazar. Natural de Sala- 
zar, Castilla la Vieja, España. Principiaba a funcionar en su 4 
plaza en 1664; continuaba en sus funciones en 168 1. \ 

24. Doctor don José de Meneses. — Caballero de la orden de 
Santiago, Juró el 8 de febrero de 1670; funcionaba en 1674; era *" 
ya muerto en 1683. 

25. Doctor don Manuel de León i Escobar. — Natural de 
Panamá. Juró el 15 de noviembre de 1670; suspendido en 1674; 
falleció en el Perú en marzo de 1688. 

26. Doctor don Diego Portales. — De la Audiencia de Buenos 
Aires fué trasladado a la de Santiago en 1673; se hallaba pro- '^ 
movido para la de Charcas en 1683. f 

27. Licenciado don Juan de la Cueva i Lugo, — Natural de 
Lima. Juró el 16 de mayo de 1682; suspendido en 1685; repuesto *• 
en marzo de 171 1; falleció el 26 de octubre de este último año. 4 

28. Doctor don Sancho Garda de Salazar. — ^Juró el 2y de . 
febrero de 1683; falleció el 28 de octubre de 1688. J 

29. Lice?iciado don Bernardo de Laya i Bolívar. — Juró el 28 
de marzo de 1686; regresó al Perú en 1691. 

30. Licendudo don Diego de Zúñiga i Tobar. — Caballero de 



\ 




OIDORES DE LA REAL AOniENCIA 



7S 



la orden de Santiago. Juró el 4 de enero de 1692; funcionaba 
en 1708; pasó al Consejo de Indias, 

31. Licenciadü don Alvaro Bernardo de Quiros. — Natural de 
Olloniego, Asturias, España. Juró el 14 de marro de 1692; en 
17 1 3 pasó a la Audiencia de Lima; falleció en 1734, 

32. Docíür don José Blanco Rejón. — Natural de Lima. Juró 
el 14 de marzo de 1692; pasó de arcediano a la catedral de la 
Plata en 1708. 

33. Licenciado dún Líteos Francisco de Bilbao la Vieja.^Mtó 
el 16 de abril de 1693; pasó a la Audiencia de Lima en 1706. 

34. Licenciado don yuan del Corral Calvo de la Torre, — 
Natural de la Plata, provincia de Charcas. Juró el 21 de agosto 
de 1698; falleció el 10 de diciembre de 1737. 



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